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Las enfermedades y la prevención


La correcta alimentación y el ejercicio físico son premisas indispensables para la salud del perro. La salud psíquica es tan importante como la del organismo. Ésta depende de las condiciones genéticas, pero también de las situaciones ambientales; basta pensar, por ejemplo, en los pobres animales atados con una cadena que viven en un estado de postración.
El perro tranquilo y con buena salud demuestra un vivo interés por lo que le rodea, participa activamente en los juegos y responde a los estímulos que se le presentan.
Por otra parte, para saber si el animal está bien se pueden controlar la respiración, el ritmo cardiaco y la temperatura corporal. En condiciones de reposo respira entre 10 y 20 veces por minuto y su corazón late entre 70 y 100 pulsaciones por minuto.
La temperatura corporal está normalmente en torno a 38,5 grados. Si su perro se encuentra dentro de estos parámetros significa que está bien, debería gozar de buena salud y disponer de suficientes defensas inmunitarias, pero no por ello se excluye que pueda padecer alguna enfermedad.
El manto constituye otro indicador del estado de salud del perro. La opacidad del pelo, su pérdida en cantidades anormales (fuera del periodo de muda) o el mal olor del animal pueden ser señales de alguna enfermedad o en cualquier caso de un malestar que un veterinario tendrá que controlar. La piel no debe presentar caspa ni enrojecimientos, síntomas que suelen ir acompañados de un intenso picor.


Pulgaas, piojos y ácaros
El perro no dejará tampoco de rascarse en caso de que tenga pulgas, piojos o ácaros. Si el picor es persistente lo primero que hay que hacer es comprobar que la piel no presenta picaduras de pulgas (zonas enrojecidas e hinchadas del tamaño de lentejas) y que el pelo no tiene excrementos de parásitos (minúsculos puntitos negros parecidos a granos de arena). Incluso los perros más cuidados y limpios, especialmente en los periodos de calor, pueden infestarse de parásitos transmitidos por el contacto con otros animales o cogidos en «ambientes sucios». Las zonas preferidas por estos indeseables inquilinos son la parte interna de las patas posteriores, las axilas y los pabellones auditivos.
En caso de infestación controlada es suficiente con aplicar en el manto un antiparasitario en polvo o aerosol. Los champús antipulgas más eficaces son los que actúan más a fondo en el pelo y eliminan también los huevos depositados en la piel, o bien otros productos de reciente comercialización (en solución o en aerosol) que actúan durante unos tres meses. Estos productos antiparasitarios, a la venta en tiendas de animales o en farmacias, desarrollan una eficaz acción preventiva, ya que después del tratamiento los parásitos que se instalen en el perro morirán en seguida o caerán al suelo. La acción antiparasitaria preventiva y duradera es muy importante también en la profilaxis de otras infestaciones como la tenia, de la que son portadoras las pulgas que el perro ingiere. Al seguir un
tratamiento antiparasitario es importante respetar las indicaciones de las firmas productoras para evitar intoxicaciones en los propios animales o en las personas que viven con ellos. Por esto es necesario evitar que los animales puedan lamer estas sustancias tóxicas y es preferible vaporizar el «veneno» al aire libre y durante el día, de forma que se puedan controlar las posibles reacciones del perro. Están muy extendidos los collares antipulgas que emanan una sustancia insecticida durante unos meses. No se debe abusar nunca de estos tratamientos, ya que el uso de las sustancias tóxicas que los componen, aunque se toleren bien, a la larga podrían causar situaciones peligrosas para el perro. Lo mejor es consultar a un veterinario y suspender el uso de los antiparasitarios en la estación fría, cuando la probabilidad de infestación es menor. Las pulgas tienen un tamaño de unos dos milímetros, se esconden bajo el pelo y se alimentan de la sangre del perro. Los ácaros son invisibles para el hombre, pequeños parásitos que penetran bajo la dermis provocando eccemas en la piel del perro. Para librar al animal de estos ectoparásitos habrá que darle algunos baños con compuestos específicos. El mismo tratamiento se seguirá en caso de infestación de piojos, parásitos pequeñísimos (miden un milímetro) que viven chupando la sangre del perro.
Las garrapatas normalmente se pegan a la piel de hombres o animales en los bosques, clavando un apéndice ganchudo de su cuerpo bajo la piel. Su forma es redondeada y son de color rojizo o marrón. Cuando están llenas de sangre tienen el aspecto de capsulitas que alcanzan el tamaño de un guisante. Después de un paseo por el bosque convendrá cerciorarse, palpando, de que no se hayan pegado garrapatas a alguna de las zonas habituales, como son el hocico, las orejas, las axilas y el cuello. Para despegar las garrapatas del perro se debe impregnar el parásito con aceite o bien con alcohol. Pasados unos minutos la garrapata sacará el apéndice y será fácil despegarla de la piel del animal. Este método permite extraer el aguijón, causa de infecciones o irritaciones si permanece en la piel.