Robo de comida
La mayoría de los perros intentan en un momento o en otro adueñarse de la comida de sus dueños. Muchos suben sobre la mesa o sobre la encimera de la cocina para coger comida. Algunos perros muestran una mayor perspicacia y pueden llegar a abrir armarios de cocina e incluso la nevera. Otra variante de esta conducta sería la de coger comida del suelo de la calle durante los paseos.
La causa de este comportamiento es obvia. Por un lado, debemos tener en cuenta que el perro es un animal por su origen acostumbrado a alimentarse de sobras. Por otro, la comida conseguida actúa como un potente reforzador, que aumenta todavía más las probabilidades de que la conducta vuelva a aparecer en el futuro.
¿Qué hacer?
La corrección de esta conducta es relativamente sencilla si estamos delante del perro. Debemos castigarlo en el preciso instante en que, por ejemplo, sube encima de la mesa. En general, debemos dejar muy clara la distinción entre la comida que el perro puede y no puede comer. En este sentido, es conveniente no darle al perro de nuestra comida. Para premiarlo podemos utilizar cualquiera de las muchas variedades de galletas y golosinas especiales para perro existentes en el mercado.
Si no estamos delante del perro cuando comete sus fechorías la cosa se complica. Como hemos visto, el perro no entiende un castigo por algo que ha realizado algún tiempo antes. Por ello, no sirve de nada castigar al perro, que comprenderá rápidamente que puede robar comida sí no estamos presentes. Esta es la forma de actuar de muchos perros, que se portan bien delante de nosotros, pero no lo hacen cuando no están supervisados.
La corrección de esta conducta cuando no estamos delante es difícil. Algunos especialistas recomiendan dejar alimentos "trampa". Por ejemplo, colocar un trozo de carne con una sustancia picante o amarga en su interior. Puede utilizarse, por ejemplo, pimienta de cayena o el líquido amargo que se utiliza para corregir el hábito de morderse las uñas en los niños. Este último puede adquirirse en farmacias. La eficacia de este método es muy variable.
Otros especialistas sugieren métodos más duros de corrección, como la colocación de sustancias eméticas, es decir, que provocan el vómito, dentro de los alimentos "trampa". A pesar de su contundencia, esta estrategia fracasa muchas veces y, en cualquier caso, debe aplicarse bajo estricto control veterinario.

