Ladridos
Los perros ladran por muchos motivos. Si atendemos a su frecuencia los problemas de ladrido responden a tres motivaciones: una reacción de alarma, una muestra de ansiedad y una forma de conseguir la atención de las personas.
¿Qué hacer?
El ladrido de un perro debe ser tratado de forma diferente en función de su origen.
Como ocurría con otras conductas molestas, el castigo del ladrido puede ser efectivo, pero sólo si el propietario se encuentra presente. En otras palabras, el perro puede aprender a no ladrar delante de sus dueños, pero si hacerlo cuando no está supervisado.
En los últimos años han aparecido en el mercado collares electrónicos antiladrido. Se trata de un dispositivo que el perro lleva en la parte anterior del cuello, sujeto por un collar. Cuando el perro ladra, el collar se activa y castiga al perro.
Existen tres diseños básicos, según el tipo de castigo utilizado por el collar:
a) Ultrasónicos: Emiten un sonido de alta frecuencia, molesto para el perro pero inaudible para las personas.
b) Eléctricos: Aplican en la piel del perro una descarga eléctrica.
c) Por spray: Poseen un mecanismo que pulveriza frente al perro un chorro de aire con olor de dtronella, que resulta molesto pero no doloroso para el perro.
La Facultad de Veterinaria de Nueva York llevó a cabo un estudio para comprobar la eficacia de los citados sistemas. Los collares ultrasónicos demostraron ser los menos efectivos. Los collares de spray resultaron ser tan o más efectivos que los eléctricos, con la ventaja de no ser dolorosos para el perro. Por lo tanto, los collares de spray parecen ser la mejor opción para tratar los problemas de ladrido.
Los collares antiladrido deberían ser sólo utilizados tras haber consultado con un veterinario y disponer de un estudio detallado del comportamiento del perro en cuestión. En general, los collares electrónicos pueden utilizarse para controlar problemas de ladrido de alarma sin agresividad asociada, y ladridos de reclamo de atención. Nunca debe utilizarse un collar antiladrido en perros que ladran como consecuencia de un problema de ansiedad, de miedo o que, además, se muestran agresivos.

