Cambios de comportamiento durante la vejez
El envejecimiento se inicia de forma progresiva a partir de la pubertad, si bien sus efectos no se observan hasta aproximadamente el último tercio de la vida. En los perros, la entrada en la vejez se sitúa entorno a los ocho años de edad, aunque ese momento puede adelantarse o retrasarse en función de factores como la raza, el sexo, el estado de salud y el estilo de vida del perro.
Envejecer no es sinónimo de enfermar, un error de percepción que con frecuencia cometemos los propietarios de animales de compañía. Sin embargo y aunque se trata de un proceso natural, el envejecimiento trae consigo un deterioro físico y de comportamiento que, aunque leve, explica los cambios generales de conducta que experimenta el perro durante los últimos años de su vida.
Los cambios de comportamiento propios de la edad incluyen un descenso de la actividad general y una reducción de las conductas exploratoria y de juego. Nuestra reacción ante estos cambios es en muchas ocasiones reducir el grado de interacción que tenemos que con el perro. Muy al contrario, los especialistas en geriatría recomiendan estimular e interaccionar con frecuencia con él, si bien de una forma suave, adaptada a esta última etapa de vida.
Como propietarios, debemos adecuar la duración y sobre todo la intensidad del paseo, el estilo de juego y la dieta del perro, entre otros elementos, a las necesidades y limitaciones que impone la vejez.
Durante el período de vejez, es recomendable acudir al veterinario con mayor frecuencia, aunque el estado de salud de nuestro perro parezca correcto. Las posibilidades de éxito en el tratamiento de la mayoría de enfermedades aumentan si son identificadas de forma precoz. En general, en esta fase de la vida se recomienda visitar al veterinario al menos dos veces al año. No obstante, si nuestro perro padece alguna enfermedad el número de revisiones anuales podría ser superior y en cualquier caso dependerá de las indicaciones del veterinario.

No debemos reducir ni el número ni la duración de los paseos, pero si adaptar su intensidad de forma que el perro realice un ejercicio físico moderado. Del mismo modo, es importante seguir jugando con nuestro perro, si bien de una manera más relajada. En relación con la nutrición, la dieta 'del perro debe ser la recomendada para el período de vejez.
