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Los perros de caza

Los perros de caza tienen su función específica: ayudar al hombre a rastrear, desencovar y cobrar las piezas. Antiguamente el hombre debía cazar por necesidad, para conseguir alimento; lo hizo primero utilizando instrumentos de caza rudimentarios y después con la escopeta. La evolución de las armas de caza ha provocado también un cambio en la forma de trabajar de los perros con habilidades venatorias, dotados de un olfato excepcional.
Actualmente la caza es una afición en la que el hombre y su amigo de cuatro patas cooperan para alcanzar un objetivo común. Para muchos es una práctica deportiva que permite vivir en contacto con la naturaleza y enseña a respetar el habitat para no poner en peligro su equilibrio. En las diferentes situaciones ambientales (montaña, llanura, pantano, etc.) el hombre recurre a razas diversas, seleccionadas cuidadosamente después de siglos de experimentación en actividades venatorias. Las razas de caza se dividen en tres grupos:
1° los perros rastreadores y los de pista de sangre;
2° los perros de muestra;
3° los perros cobradores, los levantadores de piezas y los de agua.
La clasificación indica claramente las diferencias en su forma de actuar, y también en función de la pieza que cada grupo habitualmente pretende desencovar o cobrar.
Los rastreadores y perros de pista de sangre se dedican a la caza de las piezas grandes (caza mayor), son incansables buscadores de animales salvajes grandes o pequeños (conejos, liebres, corzos, ciervos, etc.). Los perros de muestra, en cambio, utilizan la cabeza para señalar al cazador, cuando éste ya se encuentra preparado para disparar, la pieza de pluma que se va a capturar. Los perros cobradores, los levantadores de piezas y los de agua, por su parte, resultan excepcionales para cobrar la pieza una vez desencovada y abatida, especialmente tratándose de lugares pantanosos.

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