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El perro ancestral


Las informaciones relativas a los orígenes del perro ancestral son pocas y fragmentarias. Como sostienen los estudiosos, es probable que el perro fuera seleccionado por el hombre partiendo de una especie salvaje. Para sustentar esta tesis se pone en evidencia que los llamados «perros sin dueño» (es decir, perros asilvestrados que viven en los alrededores de las áreas urbanas, en los barrios pobres de las grandes ciudades, y que se ven j obligados a luchar para sobrevivir alimentándose de restos de la comida del hombre o de basura) se parecen unos a otros. En cualquier parte del mundo, estos sujetos libres y asilvestrados que se aparean como quieren, tienen más o menos el mismo tamaño, color y longitud del manto y vagan un poco por todas partes. Como sostiene el estudioso americano Wayne H. Riser, profesor emérito de patobiología en la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad de Pensilvania, «estos perros representan un tipo derivado de apareamientos incontrolados y parecido a su predecesor ancestral. Esta hipótesis es confirmada también por Eisley que recuerda cómo todas las razas, si no son seleccionadas y cruzadas con objetivos específicos -observa Raiser- vuelven por selección natural al propio tipo original y ancestral. Pero se da el caso de que estos perros, fruto de la selección natural sin la guía del hombre, están extendidos por todo el mundo».
Otra tesis sostiene que no cabe duda de que los hombres prehistóricos apreciaron las estrategias de caza adoptadas por la manada de lobos. Siempre buscando los medios necesarios para conseguir alimento, no se puede excluir la hipótesis de que de alguna forma el hombre fuera capaz de acercarse al lobo comenzando a domesticarlo lentamente. Como tampoco se puede excluir la teoría según la cual algunas especies de cánidos siguieron al hombre para alimentarse de sus sobras. Es evidente que la historia de los perros salvajes y la del hombre se han cruzado en algún punto. Quizás el hombre criara cachorros de lobo, o en cualquier caso del perro primitivo, domesticando así a los primeros perros de origen salvaje, apreciando sus dotes como proveedores de caza, pero también para la defensa y la guarda.
Sin embargo, como se dijo al principio, existen unas cuatrocientas razas caninas, lo que hace pensar que la cuestión del origen del perro es más compleja. No en vano el proceso de domesticación del perro ha durado milenios, tiempo en que el hombre, a través de la selección y los diversos usos en distintos lugares de la tierra y en diversas condiciones atmosféricas, ha conseguido «construir» las razas actualmente reconocidas por la FCI (Federación Cinológica Internacional).
Hay individuos que presentan características somáticas extremadamente diversas, ya sea en el hocico, en el tamaño, etc. El hombre, por lo tanto, recurriendo a cruces de razas diversas y después a la selección en consanguinidad, ha conseguido formar las razas del perro doméstico: así ha podido agrandar o menguar la estructura corporal, acortar el hocico, enderezar o plegar las orejas, eliminar la cola, modificar el tamaño y la posición de los ojos, seleccionando el carácter, valorando el instinto, etc. Mediante apareamientos selectivos el hombre ha conseguido una gran variedad de individuos que se distinguen por tamaño y forma; tanto es así que existen perros adultos que pesan un kilo y otros ejemplares que pueden alcanzar los cien kilos. En el mundo animal esta característica, que permite ver individuos de la misma especie cien veces mayores que el de menor tamaño, es una prerrogativa única del perro. Clima, territorio y condiciones de trabajo han hecho el resto, contribuyendo a formar definitivamente muchas de las razas caninas actuales, que se diferencian por dimensiones y aptitudes. Hoy, después de muchos estudios sobre la presunta descendencia del perro del lobo o del coyote, los expertos sostienen que el lobo y otros cánidos, como el dingo de Australia o el chacal, son sustancialmente idénticos zoológicamente a algunas razas de perros domésticos: perros y cánidos se aparean entre sí y su prole es fecunda.
En este contexto se puede sostener que los cánidos son los progenitores de los perros domésticos, que fueron seleccionados luego por sus aptitudes como perros de pastor, boyeros, de guarda o de defensa, de caza, de compañía, etc., mientras que los lobos han permanecido salvajes y predadores. La domesticación de los perros, como se dijo antes, ha durado siglos: tan sólo a partir del siglo XIX se definieron, diferenciaron y formaron las distintas razas caninas. En efecto, fue en este siglo cuando los criadores fijaron las características de las razas seleccionando y apareando sujetos homogéneos, transformando así individuos bastante parecidos en tamaño, carácter, instintos, etc. en ejemplares de raza, después reconocidos por el Kennel Club como consecuencia del desarrollo de las exhibiciones caninas.