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Rabia

La rabia es la única infección vírica del gato que también amenaza la vida del hombre. El reservorio del virus rábico lo constituyen los animales silvestres, con preferencia los zorros, que infectan con su saliva a los animales domésticos al morderlos.


Requisito previo para el contagio es la existencia por lo menos de pequeñas heridas en la piel, a través de las cuales pueda el virus ingresar en el cuerpo. Desde ese punto, el virus se desplaza por las vías nerviosas hasta su meta, que es el cerebro, donde se multiplica. La inflamación que provoca al proliferar en este órgano es la causa de las llamativas alteraciones de conducta que caracterizan a la rabia. Siguiendo vía inversa, el virus se traslada luego a las glándulas salivares. De aquí que el plazo de incubación dependa de la distancia existente entre la herida y la cabeza; por lo regular oscila entre 14 y 30 días. Los gatos jóvenes son más sensibles al virus que los adultos.


Atendiendo al cuadro clínico, se distingue entre rabia muda y rabia furiosa, siendo esta última la que se observa con más frecuencia en los gatos. El término alude a la alteración que sufre la conducta del animal, el cual, tras un período de calma y tranquilidad, se torna súbitamente agresivo, atacando al hombre y especialmente a los perros.

En la rabia muda se aprecia el comportamiento contrario: el gato más bien aparece tímido y se hace de repente muy cariñoso. A la variación de la conducta se añaden luego convulsiones musculares, flujo salivar abundante, trastornos del equilibrio, y en la fase terminal espasmos, parálisis y pérdida de consciencia; el cuadro termina con la muerte del animal.


En el gato vivo únicamente puede emitirse un diagnóstico de sospecha de «rabia». Sólo después de la muerte puede aclararse esta sospecha mediante análisis histológico e inmunológico, para lo cual se someten las células cerebrales a una tinción especial, lo que permite su mejor observación microscópica. Está prohibido el tratamiento de los animales sospechosos. Siguiendo siempre las instrucciones del veterinario oficial, en ocasiones puede estar más indicado el sacrificio inmediato del animal que someterlo a cuarentena.


Lo mejor es proteger los gatos de vida libre y las personas mediante vacunación antirrábica. Esta es posible a partir de los 3 meses de vida y debe repetirse cada año.