Pulmonía
En la inflamación de los pulmones no sólo están afectadas las vías de conducción del aire hasta los pulmones, como sucede en la bronquitis, sino también la totalidad del tejido pulmonar.
La causa principal son virus y bacterias que llegan a los pulmones bien procedentes de las vías respiratorias altas, a lo largo de la tráquea y bronquios, o bien conducidos por la sangre que baña el tejido pulmonar.
Una forma particularmente grave y difícil de curar la inflamación pulmonar es la resultante de ingresar comida en los pulmones. Esto puede suceder cuando, estando el gato anestesiado, entran restos de vómito en la tráquea. De aquí la conveniencia de anestesiar sólo animales en ayunas. También en una alimentación forzada existe el peligro de que la comida literalmente «se vaya por otro camino».
Una pulmonía cursa generalmente con fiebre no muy alta, abatimiento y pérdida del apetito. La respiración se encuentra dificultada, y aumentada la frecuencia de los movimientos respiratorios. El gato sufre disnea y tose en ocasiones.
El veterinario puede percibir en el reconocimiento general mediante auscultación (escucha de los ruidos pulmonares con el fonendoscopio)
una respiración agudizada, que puede acompañarse de diversos ruidos. A la vez delimita qué lado y cuál zona de los pulmones se encuentran especialmente afectados.
Un examen radiográfico permite ampliar en ocasiones la información referente a la ubicación y extensión de la inflamación.
Como tratamiento se aplican antibióticos y preparados fluidificadores del moco y antitusígenos. Es muy recomendable el reposo, es decir, el secuestro del animal en casa.
