Panleucopenia
La panleucopeñia del gato es una enfermedad vírica extremadamente contagiosa, que se caracteriza por intensos vómitos y diarreas acompañados de fiebre alta.
Está producida por un virus muy pequeño (parvovirus) emparentado con el agente causal de la parvovirosis del perro. Sin embargo, resulta imposible la transmisión del perro al gato o viceversa.
Por ser los parvovirus muy resistentes a las influencias ambientales, como el frío o incluso la putrefacción, pudiendo conservar su vitalidad durante meses en un medio infectado, especialmente en espacios cerrados, además del peligro del contagio directo existe también la posibilidad del indirecto, a través de objetos como comederos, jaulas de transporte, ropas y otros artículos que estuvieron en contacto con gatos infectados. De aquí la recomendación de vacunar contra esta enfermedad también a los gatos enclaustrados en viviendas.
Tras un plazo de incubación de 4-6 días, aparecen los primeros síntomas: abatimiento, pérdida de apetito, vómitos y fiebre alta (hasta 40-41°C); la panleucopeñia puede causar la muerte en 12 a 36 horas, especialmente en los gatos jóvenes. A los vómitos iniciales se añade luego diarrea. La coincidencia de estas dos alteraciones provoca grandes pérdidas de líquido, y deshidratación. Es característica, asimismo, la disminución de los glóbulos blancos sanguíneos, lo que evidencia el veterinario tras la oportuna extracción de sangre;
este dato sirve tanto para diagnosticar esta infección, como para dictaminar sobre las probabilidades de curación (pronóstico).
Es posible la curación, pero, como sucede en el catarro, depende de la edad y del estado general del gato. Así, los animales adultos, bien alimentados y sometidos a tratamiento intensivo tienen muchas más posibilidades de superar la enfermedad que los jóvenes o los delgados y debilitados.
El tratamiento intensivo tiene por finalidad ante todo reponer la pérdida de líquido. Esto se logra inicialmente aplicando el veterinario inyecciones intravenosas de soluciones de electrólitos; más tarde, cuando los vómitos han cesado, el propio dueño del animal puede administrar estas soluciones.
Paralelamente a esto, el gato recibirá antibióticos para evitar la presentación de infecciones bacterianas secundarias. Se dispone también de sueros inmunes concentrados (Feliserin, Serocat), cuya aplicación en la fase inicial de la enfermedad puede resultar beneficiosa.
Sin embargo, la mejor medida para salvaguardar al gato de esta enfermedad es la vacunación preventiva, que debe repetirse cada año y que, a la vista de las vías de contagio seguidas por el virus, debe aplicarse a todos los gatos. Existen vacunas mixtas que protegen a la vez contra el catarro y la panleucopeñia del gato.
