Leucosis
La leucosis se incluyó durante mucho tiempo entre las enfermedades más temidas por los propietarios de gatos, ya que conduce irremisiblemente a la muerte y no existía ninguna vacuna para su prevención. Pero desde hace unos años existen en el comercio incluso varios productos vacunales para esta afección. La leucosis, pese a esto, sigue siendo la causa más frecuente de muerte por enfermedad infecciosa entre los gatos sin vacunar.
El agente causal es también un virus (FeLV = Felines Leukose-Virus), perteneciente al mismo grupo que el virus responsable en la especie humana de la debilidad inmunitaria (HIV), causante del SIDA (AIDS), aunque no es transmisible al hombre. Este parentesco hace por consiguiente que la leucosis del gato se parezca en sus síntomas, al menos en parte, al síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA; AIDS = Aquired Immune Deficiency Syndrome) del hombre.
Sin embargo, el llamado «SIDA del gato» está producido por otro virus (VIF = Virus de Inmunodeficiencia Felina), también emparentado con el HIV humano.
El contagio se produce por contacto directo y estrecho en la convivencia pacífica, mediante lamidos mutuos, limpieza, utilización en común de un cajón de excrementos, así como por mordiscos en el curso de peleas. La enfermedad suele pasar desapercibida para el amo, ya que al principio provoca sólo un ligero aumento de la tem-peraura corporal. La mayoría de los gatos infectados generan luego suficientes sustancias defensivas contra el virus, al que destruyen. Por desgracia, del 2 al 6% de los gatos infectados no consiguen esto, sino que se convierten en portadores del virus, al que eliminan con todos los líquidos corporales, infectando así a otros gatos. Los primeros síntomas típicos de la enfermedad suelen presentarse 1 ó 2 años después del contagio.
Los síntomas son muy variados, obedeciendo a la preferencia del virus leucémico hacia los glóbulos sanguíneos y sus estadios previos. Si resultan afectadas las células precursoras de los glóbulos, que se generan en la médula ósea, no se produce el necesario número de glóbulos rojos para la sangre. La falta de hematíes (anemia) se traduce en debilidad general y cansancio. Las mucosas de ojos y boca aparecen entonces pálidas, casi blancas.
Si, en cambio, son afectados y destruidos los glóbulos blancos, ya no pueden éstos cumplir su cometido de defensa contra otras infecciones. Se presenta entonces el cuadro de la debilidad inmunitaria, es decir, que el gato enferma más grave y frecuentemente de otras infecciones, como v.gr. el catarro. Sufre constantemente diarrea, otitis, inflamación de las encías (gingivitis) y con frecuencia intensas infestaciones de pulgas y lombrices, abscesos y otras afecciones de la piel.
En lugar de destruir los glóbulos blancos, el virus también puede estimular la formación de éstos, con la consecuencia de que se produzcan tumores en órganos internos (hígado, ríñones, bazo), pero también en la piel y ganglios linfáticos. Los tumores que aparecen en gatos jóvenes tienen casi siempre origen leucósico.
El diagnóstico de la leucosis se consigue en caso de sospecha con el test de la leucosis, una
prueba sanguínea relativamente sencilla y rápida que permite descubrir la presencia del virus en la sangre.
Mientras que en un gato enfermo el resultado positivo del test indica la existencia de la enfermedad, en un gato clínicamente sano sólo señala que está expuesto a la acción del virus. En este caso, el test debe repetirse transcurridos 3 meses, para comprobar si el sistema defensivo del animal se libró del virus o bien si hay que considerar al gato como portador permanente de éste. Huelga decir que el gato debe estar separado mientras tanto de otros gatos, por existir peligro de contagio.
En el caso de un test leucósico positivo, se plantea la cuestión de un posible y justificado tratamiento. En principio, la leucosis no es curable, pero los animales leucopositivos sin síntomas clínicos pueden sobrevivir todavía algunos años a la infección. Por descontado que no se debe permitir la vida en libertad de estos gatos, puesto que pueden difundir el virus.
El gato ya enfermo puede someterse a tratamiento sintomático. Esto significa que pueden combatirse las secuelas patológicas que se presentan como consecuencia de la debilitación de las defensas del animal. Por ejemplo, puede hacerse uso de los antibióticos o de productos vermicidas. El crecimiento de los tumores puede frenarse con quimioterápicos y cortisona, llegando en ocasiones incluso a desaparecer. De acuerdo con la gravedad del cuadro clínico, es preferible frecuentemente la eutanasia a la instauración de un tratamiento, con lo que se ahorran sufrimientos al gato.
Corno profilaxis contra esta enfermedad es recomendable la vacunación de todos los gatos de vida en libertad y de aquéllos que tengan contacto con otros gatos, v.gr. en exposiciones o en albergues. La inmunización básica se logra con dos inyecciones separadas por 2-4 semanas, independientemente de cuál sea la edad del gato; la aplicación debe repetirse anualmente.
Con objeto de asegurar la eficacia de la vacunación, muchos veterinarios practican un test de leucosis antes de la primera inyección vacunal, puesto que vacunar a un gato ya enfermo de leucosis no es malo en sí, pero resulta inútil. El test ahorra al dueño del gato dinero a largo plazo, pero constituye naturalmente un gasto adicional al costo de la vacunación a realizar, nada barata por otra parte.
