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Inoculaciones preventivas

Cuando el organismo -tanto si es de persona como de gato- entra por primera vez en contacto con gérmenes patógenos, se presentan manifestaciones de enfermedad más o menos marcadas. Pero a la vez se forman en el cuerpo sustancias de defensa, los llamados anticuerpos, contra los gérmenes. En parte están producidas por los glóbulos blancos, los linfocitos, y se adaptan exactamente a cada microbio. Al encajar en los gérmenes «como una llave en la cerradura», neutralizan a éstos en cierta medida.
En un posterior contacto, los anticuerpos ya existentes evitan que la enfermedad vuelva a aparecer, por ser ya entonces el organismo inmune (intocable) para esos gérmenes. Por esto, se enferma de sarampión o de varicela, enfermedades típicas de niños, en edad infantil, pero no otra vez en edad adulta.
Las inoculaciones preventivas (vacunas) se basan en el principio de la formación de anticuerpos: Introduciendo gérmenes patógenos en el cuerpo artificialmente, mediante inyección o por vía oral, como en las vacunas administradas por boca, se estimula la formación de anticuerpos y se impide con ello la producción de un contagio por vía natural.
Huelga decir que los gérmenes inoculados deben carecer por completo de acción patógena. Para ello se matan, se debilitan o se rompen en fragmentos no infecciosos por diversos procedimientos, antes de utilizarlos como vacuna. No obstante, deben conservar una suficiente capacidad formadora de anticuerpos. Para garantizar esto, en algunas enfermedades (leucemia y PIF) es necesario vacunar con dos aplicaciones, en cada etapa de la vida (la llamada inmunización básica). La inoculación repetida unas semanas después garantiza que se produzca en la sangre un nivel de anticuerpos (que también recibe el nombre de título) suficientemente elevado. Este nivel de anticuerpos no se mantiene fijo toda la vida, sino que va disminuyendo poco a poco después de la vacunación, por lo que debe conservarse en el nivel deseado mediante un ritmo anual de inoculaciones de recuerdo.
Si se estimula el organismo para que forme sus propios anticuerpos, esto se denomina inmunización activa. Otra posibilidad de defensa contra las enfermedades infecciosas es aportar al organismo anticuerpos «preparados», que se obtienen de la sangre de otros gatos o animales. Esta clase de inoculación recibe el nombre de inmunización pasiva, en la que se utiliza como «vacuna» suero. Existen sueros de esta clase contra el catarro y la panleucopenia del gato (Feliserin, Serocat). Ofrecen la ventaja de que los anticuerpos que contienen entran en acción inmediatamente después de la inyección. Su aplicación está indicada siempre que se deba contar con la aparición de una enfermedad infecciosa. Los gatos jóvenes de procedencia desconocida o los gatos alojados en residencias para estos animales se protegen frecuentemente mediante inmunización pasiva.
En cambio, el inconveniente de la inmunización pasiva es que su acción protectora no dura mucho (máximo, dos meses), al ser destruidos paulatinamente los anticuerpos extraños. De aquí que, transcurridas unas cuatro semanas desde la inmunización pasiva, deba realizarse una adecuada inmunización activa.
Los gatos jóvenes disponen de forma natural en las primeras semanas de vida de una especie de inmunización pasiva, al recibir anticuerpos con la leche materna durante ese tiempo. El contenido de anticuerpos de la leche disminuye acusadamente, sin embargo, en los primeros días siguientes al parto, lo que motiva que el efecto protector vaya disminuyendo poco a poco en las primeras semanas de vida. A partir de la sexta semana, los cachorros pueden iniciar la formación de anticuerpos propios tras ser vacunados. Las inmunizaciones activas resultarían ineficaces antes de la sexta semana de vida, porque serían «neutralizadas» por los anticuerpos maternos. Por ello, todas las primeras vacunaciones llevadas a cabo antes del tercer mes de vida deben repetirse, puesto que hasta entonces los anticuerpos maternos impiden posiblemente la constitución de un título de anticuerpos eficaz.
En la actualidad se realizan rutinariamente en los gatos vacunaciones contra las siguientes enfermedades infecciosas:
- Panleucopenia
- Catarro del gato
- Leucosis
- Peritonitis infecciosa felina (PIF)
- Rabia
En los gatos que no abandonan la vivienda, y que por consiguiente no tienen contacto con otros gatos, es recomendable practicar al menos la vacunación contra el catarro. En los gatos de vida en libertad es obligatoria la vacunación contra la rabia, por constituir esta enfermedad también un peligro para las personas.
Cada vacunación provoca en el organismo del gato una reacción que no siempre pasa inadvertida al exterior. Así, después de una inyección de esta clase puede presentarse: abatimiento, pérdida de apetito, dolor o inflamación en el punto de la inoculación. En este lugar puede aparecer también al cabo de algún tiempo un pequeño nodulo bajo la piel, que desaparece en pocas semanas.