Encías y raíces de dientes
Las inflamaciones de las encías son la razón por la que no se debe permitir que el sarro se extienda sin límite, puesto que se originan frecuentemente como consecuencia del roce del sarro con la encía. También existen, sin embargo, gingivitis sin sarro, que tienen origen infeccioso. Sobre todo cuando se trata de inflamaciones duraderas de las encías, conviene descartar una posible leucosis o una infección VIF. Por otra parte, también se producen gingivitis leves o de origen fisiológico, por ejemplo cuando los gatos jóvenes cambian los dientes, lo que también explica la apreciación de mal olor en la boca durante esa fase.
Las gingivitis leves apenas producen dolor al comer, por lo que pueden permanecer desconocidas para el propietario durante largo tiempo. En casos graves, provoca alarma el hecho de que el gato coma poco o nada.
La inflamación se traduce al exterior por un intenso enrojecimiento de los bordes de las encías que rodean los dientes y que sangran al menor roce. Este ribete puede aparecer muy marcado en una u otra arcada dentaria, a lo largo de todos los dientes e incluso alcanzar la faringe, en la cual se aprecia con frecuencia enrojecimiento intenso,
acompañado de lesiones ulcerativas. Además de menor apetito y mal olor en la boca, el propietario observa muchas veces flujo salivar abundante.
Por el contrario, las inflamaciones de las raíces dentarias cursan siempre con dolor, apreciando por lo general el dueño del gato que éste se interesa por la comida, la prueba con precaución, y por último la deja, pesa a estar evidentemente hambriento. Otras veces evita el dolor al comer, masticando sólo por un lado. El diente afectado se localiza con facilidad en un examen detenido merced al intenso enrojecimiento de la encía próxima y a la posible salida de pus por los bordes de esta última. La inflamación puede ser tan intensa, que provoque la hinchazón de la cara.
Los gérmenes de la supuración que penetran desde el exterior en la raíz del diente, participan siempre en una inflamación radicular. De aquí que la afección mejore rápidamente administrando antibióticos. Además de antibióticos de amplio espectro, conviene utilizar aquellos otros que se acumulan en la saliva y desarrollan especialmente su acción en la cavidad bucal al alcanzar en ella mayor concentración. Además, debe extraerse lo antes posible el diente afectado, siempre que sea soportable el riesgo que implica la necesaria anestesia.
Los antibióticos mencionados alivian también la gingivitis, en la que siempre participan secundariamente bacterias. En los gatos que no comen a causa del dolor, el tratamiento debe completarse con la aplicación de cortisona, que frena de inmediato la inflamación.
Si la gingivitis se repite una y otra vez, deberá contemplarse la posibilidad de extraer todos los dientes, o, al menos, todos los molares, ya que con ello suele desaparecer la inflamación. En este caso, vivir sin dientes resulta mejor alternativa que estar sufriendo permanentemente una dolorosa gingivitis.
