Perros

Gatos

Ríñones e insuficiencia renal

Las inflamaciones agudas de los ríñones (nefritis) son raras en el gato, pasando por lo general desapercibidas. En cambio, su posible consecuencia, la insuficiencia renal, es más frecuente. La insuficiencia renal significa que el rendimiento de ambos ríñones se ve muy reducido. Cuando se presentan las primeras manifestaciones de fallo renal, ya sólo funciona correctamente el 30% del tejido renal total.


La insuficiencia renal, además de ser consecuencia de una inflamación, puede resultar del desgaste orgánico y de trastornos del metabolismo, puesto que se ven afectados casi exclusivamente los gatos viejos a partir de los ocho años de edad.


Cuando se ve alterada la función de los ríñones, se producen trastornos en la economía de las sales y del agua y en la excreción de productos metabólicos tóxicos. Normalmente, los ríñones retienen agua y con ella sales en el cuerpo, pero si estos órganos son incapaces de cumplir dicho cometido, el gato sufre pérdidas de ambas con la orina. Entonces, el animal trata de compensar esas pérdidas bebiendo más agua. La sed acusada es uno de los signos más destacados de una insuficiencia renal. A la vez aumenta la cantidad de orina emitida, que tiene aspecto claro y escaso olor.


En el metabolismo proteico se originan productos residuales cuya eliminación tiene lugar normalmente a través de los ríñones. Si éstos funcionan de manera insuficiente, tales productos se acumulan en la sangre y provocan a la larga manifestaciones de intoxicación. Los primeros signos de este estado tóxico son reducción del apetito y abatimiento. La fase final de una intoxicación urémica lleva consigo pérdida de la consciencia, el coma, tras el cual se produce la muerte.


El análisis de la sangre permite determinar el alcance de la lesión renal. En los casos graves, como sustitutivo del «lavado de sangre» (diálisis) que se practica en tales situaciones en el hombre, sirven las transfusiones, que ayudan a reducir la concentración de las sustancias venenosas presentes en la sangre, hasta el punto de recuperar el gato el apetito. Sin embargo, debe renunciarse en ade-
lante a la alimentación habitual, ya que la supervivencia del animal sólo se consigue a partir de ese momento con una dieta baja en proteína.


Con sólo esta dieta puede evitarse la progresión de la enfermedad, si se trata de ligeras disfunciones renales. La baja proporción de proteína existente en estas raciones garantiza el aporte de la cuantía imprescindible de este principio inmediato, con lo que se reduce al mínimo la producción de sustancias residuales nocivas. El propietario del gato puede preparar la ración siguiendo las correspondientes instrucciones, cuando no le sea posible conseguir ningún artículo de los muchos existentes, bien en forma de latas o de piensos desecados.


Al utilizar comidas preparadas para cualquiera de las enfermedades en cuyo tratamiento participa una dieta especial, no sólo es importante el fácil manejo del producto, sino también que éste cuente con una composición equilibrada y constante garantizada por el fabricante. Estos alimentos de régimen suelen ser aceptados gustosamente por los gatos, después de un breve período de acostumbramiento. Como es lógico, estos productos especiales tienen precios superiores a los de la comida ordinaria. Los gatos enfermos de los ríñones deben disponer siempre de suficiente cantidad de agua.