Inflamación de faringe y amígdalas
Como en el hombre, las inflamaciones de la faringe y de las amígdalas en ella localizadas son indicio de una infección vírica o bacteriana. En las personas es frecuente hablar de un «resfriado», lo que sólo expresa, sin embargo, que posiblemente un enfriamiento de breve duración permitió que los gérmenes se asentaran en el organismo entonces debilitado.
Asimismo, es corriente que en el gato, como en el hombre, un resfriado afecte a la región faríngea. Y, consecuentemente, las manifestaciones son similares: dolores al tragar, frecuentes movimientos de deglución y ronquera, advirtiéndose sin dificultad al maullar el animal que las cuerdas vocales están alteradas.
Por lo demás, la ronquera en sí puede estar provocada también por el mero hecho de maullar continuada y fuertemente el animal. Así, esta forma de ronquera -no infecciosa- se presenta a veces tras ingresar al gato en un pensionado para estos animales.
Las amígdalas (anginas), localizadas a ambos lados de la faringe, pueden estar tan aumentadas de volumen por efecto de una inflamación, que provocan constantemente náuseas. El gato come entonces con desgana y dificultad. En muchos casos, las inflamaciones de la faringe van acompañadas de síntomas generales, como fiebre, abatimiento y pérdida de apetito, todo ello comparable al cuadro de una gripe.
Debido a su origen infeccioso, se recomienda como muy eficaz la aplicación de antibióticos durante varios días. El «guardar cama» que se aconseja a las personas lo cumple el gato por su cuenta; la administración de una «papilla» con alguna golosina, y alimentos blandos, si es preciso reducidos a puré, contribuyen a la curación.
Conviene citar una forma especial de faringitis no infecciosa, que es la provocada por cuerpos extraños presentes en la faringe. Sobre todo tallos de hierba (plantas particularmente apetecidas por los gatos caseros son las especies de juncias o papiros) que suelen servir como vomitivo, se fijan muchas veces en la faringe tan sólidamente, que el gato no puede librarse de ellos sin ayuda. El hilo de coser, con y sin aguja, desarrolla la misma acción perjudicial.
Los cuerpos extraños en la faringe originan salivación abundante e irritación continuada, pero sin llegar a provocar abiertamente el vómito. El gato intenta en vano retirar por sí mismo el cuerpo extraño restregándose la cara con las patas anteriores. Será únicamente el veterinario quien ponga fin a este tormento, con ayuda de unas finas pinzas y permaneciendo el gato anestesiado.
