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Hipertiroidismo felino

El hipertiroidismo felino es una enfermedad; en ella aparece una hiperproducción de la hormona tiroidea producida en la glándula tiroides. La mayor parte de los casos están causados por una hiperplasia de la glándula benigna, pero también existen casos de formaciones tumorales o malignas. En estos casos el pronóstico será diferente. La glándula tiroidea es una glándula bilobular situada en el cuello, justamente bajo la tráquea al nivel de donde acaba la laringe. En condiciones normales no se puede palpar desde el exterior en un gato sano, ya que su tamaño es muy pequeño. En algunos gatos con hipertiroidismo, sin embargo, es posible apreciar esas dos masas o lóbulos que protuyen bajo el cuello, lo que no significa que al no palparlo no pueda estar sufriendo esa patología glandular. En cuanto a la enfermedad, puede afectarse uno o ambos lóbulos, aunque frecuentemente aparecen patológicos los dos. Su tratamiento consiste en suprimir de algún modo esta hiperproducción de hormonas y sólo se puede conseguir eliminando esa glándula, si es posible, o con fármacos antitiroideos que compitan o contrarresten los efectos. Cada caso se trata según la gravedad, la patología que está produciendo el hipertiroidismo y el estado clínico del gato enfermo.

La enfermedad
Esta enfermedad afecta a gatos de edad avanzada con una media de inicio entre los 12 y los 13 años de vida. No existe ninguna predilección por la raza ni por el sexo del gato, por lo que todos los gatos pueden estar igualmente expuestos a sufrir esta enfermedad. Las hormonas tiroideas son responsables de una amplia gama de efectos, tales como la regulación de la temperatura corporal, el metabolismo de los hidratos de carbono, de las proteínas y los lípidos. También interaccionan con el sistema nervioso y el cardíaco; por ello, gatos hipertiroideos pueden tener una sintomatología muy amplia y variada. La enfermedad progresa gradualmente, por lo que muchos propietarios pueden creer que los signos son leves o forman parte del proceso general de envejecimiento del gato.
Las manifestaciones más generales de esta alteración endocrina son casi en un 80 % de los casos un adelgazamiento progresivo con un aumento de apetito en una primera fase de la enfermedad. Son gatos que comen mucho, incluso pueden tener una actividad mayor de lo normal con cambios de carácter, pero que por el contrario adelgazan. Cuando ía enfermedad progresa y empiezan a afectarse otros órganos importantes como el riñon o el corazón, los síntomas ya son más graves y el apetito del gato, por supuesto, se verá afectado como en cualquier otra enfermedad grave. Otros síntomas son pérdida del sueño o deambulación nocturna, situaciones que antes no le provocaban ansiedad, pero que ahora sí lo hacen. También podemos fijarnos en que pueden beber más agua de lo normal, por lo que su producción de orina se verá aumentada o alterada y tendrán que compensar esas pérdidas consumiendo más agua. Normalmente, la gente se fija mucho en el exceso de agua consumida porque pueden llegar a beber de tos grifos o de lugares donde antes no solían beber. Igualmente, su bandeja estará más mojada que antes y la tendrán que cambiar con más frecuencia. Son cambio sutiles pero muy importantes para el veterinario. A veces la gente aprecia esos signos sólo cuando preguntamos si existen.También debido al aumento de la ingesta de comida la bandeja estará más llena de deposiciones.
La diarrea y los vómitos pueden aparecer por estos cambios bruscos de ingesta, más cantidad y con ansiedad. En casos más graves, pueden aparecer como signo de enfermedad renal, aunque en estos casos el gato ya suele mostrar signos claros de abatimiento y es cuando suelen llegar a nuestra consulta. El pelaje también se altera en estos gatos. Se vuelve seco, apelmazado y cae con más facilidad, aunque estos síntomas aparecen en muchas enfermedades, ya que el pelo siempre es un reflejo del estado de salud del gato. Éste será siempre un motivo de alarma, que luego nuestro veterinario identificará como una patología, un simple envejecimiento o deshidratación generalizada del gato. En algunos casos graves o avanzados puede haber una ventrof lexión del cuello e, incluso, una disnea por la alteración en la contractibilidad cardiaca. El hipertiroidismo provoca alteraciones en el miocardio, que pueden confundirse con alteraciones cardiacas primarias.

El diagnóstico
Para diagnosticar a estos gatos es imprescindible un examen a fondo del paciente y, por supuesto, una analítica completa de sangre y orina que puede ir acompañada de una ecografía en una segunda fase de la exploración. Con la analítica de sangre podremos obtener los niveles de hormonas en sangre y esa va a ser la prueba definitiva que nos diagnostique que existe o no esa hiperproducción. La causa es más difícil de diagnosticar y necesitará la ayuda de un ecógrafo y un experto en ecografías. A través de esa prueba pueden realizar biopsias o incluso infiltraciones de yodo radioactivo para identificar y destruir el tejido alterado, sin necesidad de una cirugía. El riesgo que se corre muchas veces es dañar estructuras anexas a la glándula y la provocación secundaria de un hipotiroidismo que es, justamente, lo contrarío: un déficit de hormona que también va a dar una patología grave en ese gato. Los gatos hipertiroideos que funcionan con drogas antitiroideas han de ser controlados sistemáticamente para controlar los efectos de la medicación y los niveles de hormonas periódicamente. Los tratamientos únicamente farmacológicos no curan, pero relentizan o controlan el proceso. Solamente están contraindicados cuando la causa del hipertiroidismo es un carcinoma tiroideo, la patología maligna de esta enfermedad, que por suerte no es la más frecuente. En este caso, si no existe cirugía o escisión radioactiva del tejido afectado, la medicación no conseguirá parar la enfermedad.
Los veterinarios aconsejan que todos los gatos, a partir de los 10 o 12 años, se sometan a controles periódicos veterinarios aunque su estado nos parezca bueno. Esta es la única manera de diagnosticar enfermedades tempranamente. Además, nuestro veterinario nos puede informar de qué síntomas son importantes y por los cuales siempre tenemos que acudir a su consulta. Nuestro gato, por decirlo de algún modo, ha entrado en la tercera edad.