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Flujo lagrimal

El correr en abundancia secreción ocular por los carrillos puede ser signo de diversas afecciones de los ojos, como v.gr. una conjuntivitis, aunque también puede constituir un problema independiente.


Se comprobará si lagrimea uno o ambos ojos y la naturaleza del flujo ocular. Cantidades pequeñas de una secreción clara que se deseca por las mañanas en costras parduzcas (légañas), no debe inquietar. Se trata posiblemente de irritaciones causadas en los ojos por el viento o el polvo, lo que provoca la producción abundante de lágrimas.


Si el lagrimeo claro persiste durante mucho tiempo, la causa puede ser una alteración en el flujo de las lágrimas. Estas se forman normalmente en las glándulas lagrimales para humedecer la córnea, se acumulan en el llamado saco lagrimal y desaguan en las fosas nasales a través del conducto lácrimo-nasal.

Cuando este canal se obstruye o se desvía, rebosa el saco lagrimal. Las obstrucciones y compresiones suelen tener origen inflamatorio, por ejemplo a causa de un catarro. La alteración se corrige lavando el canal lácrimo-nasal con una fina cánula. Sin embargo, esta intervención sólo puede realizarse en gatos convenientemente anestesiados, debido a los posibles movimientos de defensa que realizan los animales.


En gatos de determinadas razas, como la persa o la cartuja, es suficiente la forma comprimida de la cara para provocar este sobreflujo de lágrimas. Tanto en este caso como en las adherencias difíciles de evitar, sólo queda limpiar a diario el ángulo del ojo con un paño húmedo.


A este respecto debe señalarse que al amo del gato le parece frecuentemente que el flujo lagrimal está «teñido de sangre». Especialmente en gatos blancos aparecen «estrías» de color rojo castaño, por las cuales fluye la secreción de ambos ojos hasta la nariz. Este color, sin embargo, no obedece a la presencia de sangre, sino únicamente a la mezcla del líquido lagrimal con polvo del exterior.


Cuando la secreción adopta coloración amarillenta o verdosa y su consistencia es viscosa, cabe deducir la participación de gérmenes de la supuración y, a la vez, de una posterior inflamación del ojo. La localización de esta inflamación debe realizarla el veterinario mediante la oportuna exploración del ojo, antes de aplicar ninguna pomada o colirio de antibióticos en el ojo para combatir la secreción purulenta.