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Enfermedades del sistema nervioso

Las enfermedades del sistema nervioso pueden manifestarse de forma muy variada, y requieren por lo regular, además de un detenido reconocimiento general, análisis de sangre o exámenes radioscópicos complementarios. Pese a esto, en muchos casos resulta imposible alcanzar un diagnóstico claro; el diagnóstico etiológico sólo se consigue en raras ocasiones. Técnicas de examen utilizadas en medicina humana (EEG = electroencefalograma, tomografía computarizada) que permiten obtener valiosa información para la curación de enfermedades nerviosas del hombre, apenas son utilizadas hasta el presente en medicina veterinaria.
De los trastornos que se mencionan más abajo son responsables alteraciones o procesos inflamatorios del encéfalo, médula espinal o nervios periféricos que pueden estar originados por infecciones víricas, intoxicaciones, desarreglos del metabolismo o tumores.
Como ya se ha apuntado, detectar las causas responsables resulta con frecuencia empresa difícil. A continuación se exponen sólo algunos de los trastornos posibles importantes, entre los muchos que pueden afectar al sistema nervioso.

Parálisis


En principio, las parálisis pueden afectar a todas las partes del cuerpo, pero en los gatos se aprecia con máxima frecuencia la parálisis de una o de ambas extremidades posteriores. Esta parálisis recibe también el nombre de «síndrome de la ventana basculante», ya que su causa está en un intento de fuga a través de una ventana que bascula.
Entonces, el gato queda atrapado por la pelvis en la zona estrechada, mientras que la parte anterior del cuerpo salió al exterior a través de la porción ancha. Los nervios que proceden de la región de la columna vertebral de la que queda colgado el gato resultan comprimidos. La lesión se agrava con los esfuerzos infructuosos que hace el animal por liberarse. Esto tiene como consecuencia la interrupción de los impulsos nerviosos que debían transmitirse normalmente a las extremidades posteriores; a la vez, no pueden llegar al encéfalo las sensaciones (dolor, calor, frío) procedentes de la periferia.
De acuerdo con la extensión de la lesión, resultan afectadas una o las dos extremidades posteriores, que son arrastradas por el gato. No existe o se encuentra alterada la reacción del animal a los estímulos de contacto o dolor actuantes en estas patas.
Aunque la situación pudiera parecer inicialrnente grave, en manera alguna resulta desahuciado el animal en lo concerniente a curación. Los nervios afectados pueden recuperarse por completo de la lesión. De acuerdo con la gravedad de la parálisis, este proceso tiene una duración variable, oscilando entre una y varias semanas.
Inicialmente, favorecen la curación infusiones, con las que se elimina del cuerpo líquido inflamatorio. Como tratamiento posterior, el propietario puede aplicar medicamentos antiinflamatorios y preparados de vitamina B.
Las parálisis de otras partes del cuerpo -son bastante frecuentes las que afectan a una extremidad anterior o a una mitad de la cara- se tratan con vitamina B y productos antiflogísticos.

Síndrome vestibular felino

Se trata de una afección del oído interno, cuya verdadera causa se desconoce. Como consecuencia de un trastorno del órgano del equilibrio, también llamado órgano vestibular, la cabeza adopta postura extremadamente inclinada hacia un lado, lo que puede acompañarse de marcha insegura y movimientos en círculo. Cuando aparecen diversos síntomas simultáneamente, como sucede siempre en este caso, el conjunto de estas manifestaciones patológicas recibe el nombre de síndrome. Por otra parte, los gatos afectados están alegres, comen, duermen e incluso intentan jugar. El veterinario debe excluir sobre todo otras enfermedades, como por ejemplo la inflamación del oído medio, que pueden provocar síntomas similares. Por lo común, el curso del síndrome vestibular felino es benigno, lo que significa la desaparición de todos los síntomas en el plazo de dos o tres semanas. El tratamiento medicamentoso reduce la inflamación, refuerza el riego sanguíneo del oído interno y ejerce efecto tranquilizante.

Epilepsia

Esta conocida enfermedad del hombre, que se presenta en forma de ataques, aparece también en el gato. Obedece a la existencia de descargas eléctricas incontroladas en el cerebro, cuyas causas no pueden determinarse por lo general.
Los ataques se inician en ocasiones escondiéndose los animales o mostrándose inquietos, aunque también pueden presentarse súbitamente. El gato pierde el conocimiento y se desploma de cabeza o en decúbito lateral; las extremidades aparecen rígidas y extendidas y realizan movimientos incoordinados. Todo el cuerpo está sacudido por convulsiones, a lo que se añade salivación y movimientos de masticación. El animal puede expulsar orina o heces de forma inconsciente. El gato queda extenuado tras el acceso.
Los ataques pueden mantenerse un tiempo variable, si bien suelen desaparecer al cabo de pocos minutos. Los intervalos entre las repeticiones varían también desde pocas horas hasta varios meses.
Cuando el propietario observe que su gato sufre un ataque convulsivo, debe llevarlo al veterinario y describir a éste detalladamente las características del acceso. El facultativo excluirá entonces, mediante un reconocimiento adecuado, otras posibles causas del ataque, como por ejemplo una afección cardíaca o un trastorno del metabolismo, antes de prescribir algún medicamento contra la epilepsia. Si es absolutamente necesario un tratamiento con productos terapéuticos, éste depende mucho de la frecuencia de los ataques, por lo cual debe el propietario marcar en el calendario las fechas en que se produzcan nuevos accesos, y la duración de cada uno.
Los ataques que sólo se produzcan una o dos veces al año, no necesitan tratamiento. Los ataques más frecuentes deben combatirse con productos tranquilizantes, los cuales, atenuando la actividad encefálica, evitan la producción de descargas descontroladas. Deben administrarse al gato a diario, en caso necesario durante toda su vida. En consecuencia, se optará por la dosis más baja posible, para^ que el gato, a pesar de la acción depresora, pueda desarrollar un comportamiento bastante normal. Los accesos agudos los neutralizará el veterinario administrando por vía intravenosa tranquilizantes como, v.gr., valium.
Cuando la aplicación de medicamentos no consiga menguar la duración y frecuencia de los ataques, ni mejorar la calidad de vida del animal, sólo queda aconsejar la eutanasia.


Pueden ser manifestaciones de una enfermedad nerviosa:
- Parálisis.
- Marcha insegura y vacilante.
- Movimientos en círculo y zigzagueantes.
- Postura ladeada de la cabeza.
- Estrabismo.
- Temblores oculares.
- Pupila continuamente dilatada o contraída.
- Convulsiones.
- Espasmos y accesos espasmódicos.
- Pérdida dé la consciencia.