Perros

Gatos

Enfermedades de los órganos genitales
de la gata

Inflamación de la matriz (Metritis)


Esta enfermedad es en las gatas relativamente rara, ya que la mayoría de estas hembras son castradas jóvenes. Entre las que no se castran, enferman con preferencia las que exhiben edades entre 8 y 10 años.
Como consecuencia de un gobierno hormonal alterado a cargo de los ovarios o como resultado de un defecto congénito, se produce la inflamación de la matriz, que recibe el nombre de piómetra. Entonces se acumula pus en el útero, que fluye por la vagina. El flujo, que despide mal olor y exhibe coloración castaña rojiza o amarillenta, suele ser el primer síntoma advertido por el propietario de la gata. Este flujo puede ir acompañado de alteraciones generales de intensidad muy variable. Así, no es raro que haya fiebre, abatimiento, disminución del apetito, sed intensa y emisión de orina abundante.
Para eliminar del cuerpo el foco de pus, como tratamiento sólo queda la extirpación quirúrgica de matriz y ovarios lo antes posible. De no actuar así, se vierten continuamente productos bacterianos procedentes de la matriz supurada en el torrente sanguíneo, lo que puede provocar como
resultado final el envenenamiento general del organismo (septicemia). Por ello, también está indicado administrar antibióticos durante un par de días a continuación de la operación.

Inflamación de las mamas (Mamitis)


La inflamación del tejido glandular mamario sólo se produce en las ubres ya desarrolladas y en lactación después del parto. Con frecuencia es resultado de una retención de leche. Se presenta pocos días después del parto, si la leche no fue succionada en cantidad suficiente, bien por ser muy escaso el número de crías, bien por haber nacido muertas o morir poco después del nacimiento. Otro momento en que existe el peligro de que se produzca una estasis de leche, con subsiguiente inflamación de las mamas, es cuando se destetan las crías.
Las mamas aparecen aumentadas de volumen, enrojecidas y dolorosas. Al tacto, se muestran duras y tensas. Las crías que quieren mamar son rechazadas por la madre. El continuado maullar de los gatitos hambrientos puede ser indicio de que la gata madre tiene dificultades para amamantarlos.
El comportamiento apático de la madre inmediatamente después de destetar las crías, puede hacer pensar en la existencia de una inflamación; a la vez suele haber fiebre. Cuando se sospeche esto, se llevará la gata al veterinario, que en caso preciso recetará antibióticos. La aplicación de compresas frías contribuye a que desaparezca antes la inflamación de las mamas.
Las crías deben separarse de la gata y ser alimentadas con preparados sustitutorios de la leche materna, pues en caso contrario los gérmenes de los tejidos inflamados podrían ser transmitidos
con la leche de la madre a las crías, en las que provocarían una infección. Además, el acto de amamantar resulta doloroso para la madre. En lugar de la «leche sucedánea», que puede obtenerse del veterinario o del comercio especializado, en esos casos existe también la posibilidad de utilizar otra gata como nodriza.

Tumores mamarios

Se presentan tumores mamarios sobre todo en gatas sin castrar. Se manifiestan como nodulos duros, de tamaño variable, que generalmente se pueden palpar en el tejido glandular blando. Por lo común, no producen ningún dolor a la hembra. Muchos no varían de tamaño durante largo tiempo, mientras que otros crecen con rapidez hasta convertirse en grandes bultos con tendencia a romperse, ulcerarse y no alcanzar la curación.
Todas las alteraciones que se observen en las mamas de la gata, deben inducir a llevar ésta al veterinario. En la mayoría de los casos es aconsejable la extirpación quirúrgica, sobre todo cuando se comprobó mediante palpación el carácter benigno de la alteración.
Entre las alteraciones leves se cuentan los quistes, cavidades llenas de líquido que ocasionalmente se forman en el tejido glandular. Con frecuencia sólo pueden extirparse definitivamente por procedimiento quirúrgico, aunque también pueden reducirse bastante de tamaño mediante punción con una cánula.
Tras la extirpación quirúrgica del tumor, el veterinario puede efectuar un examen histológico del mismo. De esta manera se determina el tejido del que procede el tumor y la naturaleza maligna o benigna de éste.
Este conocimiento es importante para el pronóstico, y también para el tratamiento. Radiaciones o quimioterapia están también indicadas en el gato para prevenir la recidiva de tumores malignos y frenar su desarrollo.