Enfermedades de los oídos
Inflamación del oído externo, infección por ácaros
Una de las causas más frecuentes de inflamación del oído externo es la infección por los llamados ácaros de las orejas. También se habla en ocasiones de la «sarna de las orejas». Los ácaros (Otodectes cynotis) parasitan especialmente el órgano de la audición, y sólo rara vez se desplazan a la capa de pelo. Se transmiten de un gato a otro, así como muy bien desde la madre a las crías; también se registran contagios del perro al gato, y viceversa.
La sarna de las orejas es por lo común bilateral, mientras que la inflamación unilateral de la oreja tiene generalmente otros orígenes; en estos casos son responsables de la inflamación bacterias y/u hongos. También tumores, como los pólipos que crecen en la oreja, pueden ser la causa de una inflamación, sobre todo en gatos viejos.
El origen de la inflamación no puede determinarse desde el exterior, ya que los síntomas de diversas afecciones son parecidos: El propietario del animal advierte primero la presencia de abundante secreción en uno o en ambos oídos. La secreción es castaña oscura, viscosa y se seca formando duras costras. El gato se rasca con fuerza la oreja afectada, muchas veces tan intensamente
que se provoca hemorragias en el pabellón auditivo. Sacudidas de la cabeza, y movimientos continuados de la oreja son otros signos característicos de inflamación del oído (otitis).
El veterinario examina en el curso del reconocimiento el interior del oído externo. Logra esto con ayuda de un otoscopio, que es un embudo especial con lente de aumento e iluminación. Con ayuda de este instrumento descubre la presencia de los ácaros, los cuales, por otra parte, son blancos y no pueden advertirse a simple vista. La secreción castaña es sólo cerumen producido en abundancia y mezclado con los productos residuales de los ácaros. Con el otoscopio pueden descubrirse también los tumores que crecen en lo más profundo del canal auditivo. Si se aprecia en éste la existencia de una inflamación crónica de origen microbiano o micósico, merece la pena pasar una torunda por las lesiones y hacer un antibiograma, antes de iniciar cualquier tratamiento.
El tratamiento dependerá de la causa actuante en cada caso:
Contra los ácaros procede utilizar pomadas o lociones con acción insecticida, como por ejemplo Orisel. Deben aplicarse en el oído como mínimo cada dos días. Previamente se habrá limpiado éste y se habrán eliminado las costras con una torunda de algodón humedecida. El tratamiento se prolongará hasta que desaparezca la secreción de color castaño. En caso de duda, será el veterinario quien debe comprobar el éxito de las aplicaciones. En las infecciones recalcitrantes o si se trata de pacientes rebeldes, procede realizar el lavado del oído con el gato anestesiado.
Las inflamaciones bacterianas o micósicas se tratarán localmente de la misma forma, utilizando sólo adecuados preparados antibióticos y antimicósicos con productos antiinflamatorios.
Los tumores se extirparán quirúrgicamente. A veces es preciso dilatar el conducto auditivo externo para poder acceder al tumor. Esto significa la eliminación de una pequeña parte de la pared externa del canal auditivo. Los efectos inmediatos de esta operación son una mejor ventilación del oído y el más fácil flujo de la grasa producida en éste (cerumen), lo que permite curar más fácilmente la inflamación. De aquí que la dilatación quirúrgica del conducto auditivo externo se practique también como último recurso en las otitis crónicas.
Inflamación del oído medio (Otitis media)
Aunque es posible la difusión de la inflamación del oído externo al oído medio (ver pág. 4), la inflamación unilateral del este último procede con mayor frecuencia del espacio nasofaríngeo, en comunicación con el oído medio por la trompa de Eustaquio.
Por consiguiente, no puede evidenciarse sólo exteriormente la existencia de una otitis media en el oído afectado. Sin embargo, el rascado del oído, las sacudidas de la cabeza y la postura ladeada de ésta son más intensos que en las inflamaciones del oído externo. Incluso son posibles trastornos del equilibrio, traducidos en marcha tambaleante y giros o saltos inseguros en torno al eje del cuerpo.
La otitis media sólo puede diagnosticarla el veterinario con ayuda del otoscopio, con el que explorará el órgano auditivo hasta el tímpano.
Un tratamiento local no es suficiente en este caso. Para curar la afección es preciso administrar
simultáneamente antibióticos y cortisona durante dos o más semanas.
Otohematoma
Se da este nombre a la extravasación de sangre que se origina en los pabellones auditivos. Se produce cuando se rompe un vaso sanguíneo de la oreja como consecuencia de sacudidas fuertes de la cabeza o al rascarse el animal la oreja enérgicamente (nada raro con ocasión de otitis). La sangre no puede entonces extenderse por los tejidos inmediatos y se estanca entre el cartílago auditivo y la piel, con el resultado de una prominencia irregular en la superficie de la oreja. A la palpación de ésta, se aprecia el acumulo de líquido más o menos fluctuante.
La corrección del otohematoma sólo puede llevarse a cabo mediante una sencilla intervención quirúrgica. Tras practicar un corte en el pabellón auditivo, se deja fluir la sangre. A continuación se suturan entre sí cartílago y piel, de manera que no quede ningún espacio en el que pueda acumularse sangre. El cuidado posterior a la operación implica la colocación de un collarín que impida posteriores sacudidas, golpes o rascado por parte del animal. Si existiera a la vez alguna otitis, deberá tratarse ésta simultáneamente.
Cuando no se practica ninguna intervención quirúrgica, a partir del otohematoma se forma la llamada «oreja de coliflor», en la que el pabellón auditivo se contrae, deformándose y disminuyendo de tamaño.
