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Lesiones de los dientes

Los dientes que sufren más lesiones son los grandes dientes caninos, conocidos con el nombre de colmillos. El dueño del gato descubre de pronto que uno de estos dientes de la mandíbula superior o inferior está roto. Responsables de estas lesiones son golpes fuertes, como v.gr. los sufridos en accidentes de coche o caídas.


En los casos más graves coinciden fracturas maxilares, sobre todo de la mandíbula inferior. Entonces, los colmillos pueden no estar rotos, sino sólo «desviados»: por ejemplo, pueden sobresalir lateralmente de la boca. Aquí procede señalar que las fracturas simples de maxilar pueden inmovilizarse colocando un llamado «cerclage», que es un lazo de alambre aplicado en torno a los caninos. De esta manera, los dientes vuelven a su posición correcta.


La necesidad de extraer el resto de un diente roto dependerá de los trastornos que éste provoque. Como por lo regular queda abierto por la fractura el canal radicular, pueden penetrar gérmenes en la cavidad dentaria y en ella provocar inflamaciones. La encía en torno al diente roto aparece enrojecida y aumentada de volumen; al tacto se manifiesta dolorosa y, en ocasiones, incluso fluye pus de la pieza dentaria quebrada.

En este caso, el resto del diente debe extraerse con el animal sometido a anestesia general. Sin embargo, pese a haber acceso a la cavidad dentaria, en muchas ocasiones no se produce inflamación, lo que hace innecesaria cualquier intervención.


En principio, también existe en el gato la posibilidad de aplicar al diente roto una prótesis en forma de corona de oro. Este costoso tratamiento sólo se lleva a cabo en raras ocasiones en la práctica, ya que por él abogan preferentemente razones estéticas.