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Enfermedades del aparato locomotor

El aparato locomotor está constituido por los huesos, músculos, tendones y articulaciones.
A diferencia de otros animales domésticos, los gatos padecen raramente enfermedades de estos componentes corporales. Cuando se presentan, tales afecciones tienen con mucha frecuencia origen traumático, es decir, obedecen a accidentes.
Pero los trastornos del movimiento no sólo son resultado de golpes, heridas e inflamaciones de huesos y músculos, sino que también pueden ser expresión de una afección del sistema nervioso, por lo que se incluyen asimismo en este capítulo las enfermedades de este sistema.


Enfermedades del aparato locomotor


Luxaciones


Las luxaciones, descoyuntamientos y esguinces son resultado de la distensión y sobreextensión de los ligamentos de las articulaciones, así como de la desituación de huesos y músculos. Se producen con relativa facilidad, por ejemplo al caer el gato en mala postura tras dar un salto.
Ni siquiera los gatos domésticos están exentos de estas lesiones, pues basta con que salten desde
un armario al suelo. La consecuencia es evidente: el animal cojea.
En tal caso, el propietario debe poner atención en los siguientes puntos:
- Qué extremidad es la lesionada, lo que no siempre resulta fácil de determinar a primera vista.
- Con qué intensidad cojea el gato, si camina sobre tres patas, y si apoya o sólo arrastra ligeramente la extremidad afectada.
- Si la cojera se presentó súbitamente o bien fue haciéndose más marcada poco a poco.
- Si la cojera mejora o se acentúa tras un largo reposo.
Con estas observaciones aporta valiosa información cuando lleva el gato al veterinario, que ve así facilitada la emisión de un diagnóstico.
Por añadidura, debe intentar determinar si existe alguna lesión exterior, siquiera sea una pequeña herida, en la extremidad afectada, y si ésta aparece inflamada o caliente al tacto.
En una luxación simple, la cojera no es por lo regular muy marcada, es decir, que el gato utiliza la extremidad, aunque con precaución. En el curso de un reconocimiento general, el veterinario palpará cuidadosamente la extremidad, con objeto de delimitar lo mejor posible la zona dolorosa.
Se excluirán otras causas de cojera, como por ejemplo un flemón, y, si es preciso, se recurrirá al examen radiográfico para eliminar la existencia de roturas.
El tratamiento esencial de una luxación es el reposo. Las friegas y linimentos, como los empleados en estos casos en el hombre, no son recomendables en el gato, ya que, para que resulten eficaces, es preciso aplicarlos a zonas previamente afeitadas. Sólo entonces pueden penetrar a través de la piel, sin adherirse al pelo. Las compresas frías y las bolsas de hielo son buenos medios coadyuvantes, pero los gatos no suelen tolerarlos mucho tiempo.


Sólo por prescripción del veterinario se administrarán medicamentos analgésicos. ¡Los productos calmantes del dolor utilizados en medicina humana resultan con frecuencia venenosos para los gatos!