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Catarro del gato


El llamado «catarro del gato» es una inflamación de las mucosas de la cabeza (ojos, fosas nasales, boca) que puede extenderse por las vías respiratorias hasta los pulmones. Está provocado con preferencia por diversos virus, sobre todo herpes y calicivirus, aunque también pueden participar algunas bacterias.
El agente causal es difundido por estornudos, toses y con la saliva, contagiándose así de un gato a otro. De aquí que exista un peligro de contagio extraordinariamente alto en los grandes efectivos de gatos (asilos, pensionados y depósitos de estos animales). El plazo que discurre entre el contagio y la aparición de la enfermedad es de 2 a 5 días.
Las primeras manifestaciones características son estornudos frecuentes y flujo óculonasal abundante, que pueden acompañarse de fiebre y pérdida de apetito. El curso de la enfermedad puede variar mucho. Mientras que en los casos leves desaparecen en pocos días los síntomas citados, en los casos graves duran varias semanas.
Ojos y nariz exhiben luego flujo purulento muy pegajoso; la dificultad respiratoria se traduce en estertores y ronquidos. La inflamación de la conjuntiva palpebral (blefaritis) puede extenderse a la córnea y ser tan intensa que llega a provocar úlceras en ésta. Las inflamaciones dolorosas de la mucosa de la boca y la incapacidad de olfatear el alimento, dan lugar a que el gato deje de comer. Si, además, se ven afectados los pulmones, se produce tos.
La gravedad del curso seguido por la afección depende de la edad y estado general del paciente: los gatos adultos superan por lo general el catarro antes que los jóvenes o que los gatos v.gr. que tienen debilitadas sus defensas corporales por infestaciones de pulgas o vermes, los cuales pueden incluso morir.
Como secuelas del catarro pueden quedar cicatrices corneales, que dificultan la visión, así como lesiones en los cornetes y senos nasales. Estas últimas son a su vez la base para que se instaure el catarro crónico del gato, que puede extenderse a toda la vida del animal en forma de inflamación de los senos nasales (sinusitis) resistente a cualquier tratamiento.
El objetivo principal del tratamiento es crear unas condiciones ambientales óptimas que refuercen las defensas del gato hasta el punto de permitir que éste combata por sí mismo al agente patógeno. Así, desempeñan importante papel aquí, además de la administración de antibióticos para evitar las infecciones bacterianas secundarias, las medidas adoptadas por el propietario del animal. Ojos y nariz deben lavarse varias veces al día con infusión de manzanilla, antes de aplicar gotas de antibióticos y/o antiinflamatorias de las mucosas. Se ofrecerá con frecuencia comida y bebida, o incluso se forzará la administración de las mismas, cuando el gato rechace la toma de alimento. Para esto sirven pastas ricas en energía, v.gr. Nutrical (Albrecht) o adDiat (Hills), que, debido a su presentación semilíquida, pueden inyectarse muy bien con ayuda de una jeringa desechable en la boca del animal; ingeridas siquiera en pequeñas cantidades, bastan para cubrir las necesidades energéticas.
Además de aplicar sueros inmunes (Serocat), el veterinario también puede administrar un llamado «inductor inmunitario» (v.gr., Baypamun), es decir, un producto que estimule las defensas corporales del gato.
Como profilaxis contra el catarro del gato, en el caso de los animales que hagan vida libre o que tengan contacto con congéneres libres, se recomienda la vacunación preventiva a intervalos de un año; esta vacuna puede aplicarse mediante inyección o en forma de gotas nasales u oculares.
Debe señalarse aquí que la vacunación proporciona sobre todo buena protección contra las formas graves del catarro. Pese a ello, también en gatos vacunados puede presentarse la enfermedad. De esto son responsables varios factores:
La vacuna sólo contiene los más importantes virus entre los muchos posibles causantes de catarro, y, por añadidura, los incluidos en cada vacuna varían de acuerdo con el criterio de cada laboratorio preparador. Por esta misma razón, las vacunas existentes contra la gripe humana no protegen contra todas las formas, sino sólo contra las más peligrosas.
Además, los virus del catarro tienen en buena medida la capacidad de sufrir cambios genéticos (mutaciones), con los cuales consiguen evadirse a las defensas inmunitarias del animal vacunado, ya que éste no dispone todavía de anticuerpos adaptados contra la nueva variante del virus.
El catarro del gato, como se ha apuntado más arriba, está provocado entre otros microbios por virus herpes. Estos tienen la facultad de estar presentes en un organismo sin producir en él manifestaciones patológicas. En el hombre, los virus herpes son responsables de las molestas vesículas (flictenas) que aparecen siempre en los labios o en la boca en situaciones de estrés físico o psíquico, v.gr. en una gripe, con ocasión de radiaciones UV en esquiadores o en temporadas de exámenes. Por la misma razón, los virus herpes pueden hacerse patentes, aun cuando de forma más leve, en gatos vacunados y reinfectados sometidos a situaciones de estrés (estancia en albergues de gatos, reconocimiento veterinario, cambio de dueño, concurrencia a exposiciones, etc.).