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Anemia

La anemia consiste, como en el hombre, en la falta de glóbulos rojos. La carencia es resultado de hemorragias, externas o internas, de una destrucción patológica de hematíes, o bien de la producción insuficiente de estos últimos en la médula ósea.


Los glóbulos rojos pueden resultar destruidos por envenenamientos, infecciones (leucosis, PIF) o por parásitos que viven en la sangre. De manera semejante puede verse alterada la médula ósea, que entonces resulta incapaz de producir suficiente cantidad de glóbulos rojos nuevos para sustituir a los hematíes que mueren al cabo de una vida de determinada duración.


Las grandes pérdidas de sangre, como por ejemplo las que se producen a consecuencia de accidentes, alertan inmediatamente al propietario, que lleva su mascota por la vía más rápida al veterinario; éste intentará compensar las pérdidas con una transfusión sanguínea. Si no se tiene a mano ningún donante, pueden inyectarse soluciones sustitutorias.

También son posibles en el gato reacciones de incompatibilidad, similares a las observadas en el hombre, producidas al practicar una transfusión de sangre de un grupo diferente al del receptor. Sin embargo, apenas son de temer cuando se trata de una única transfusión. Este trastorno se evitará analizando las muestras correspondientes de sangre antes de efectuar la transfusión.


Por otra parte, pueden pasar inicialmente inadvertidas hemorragias internas o pérdidas de sangre pequeñas pero continuadas. Son entonces debilidad y palidez de mucosas los signos típicos de la anemia, que, sin embargo, sólo se hacen patentes aisladamente cuando no están provocadas por procesos infecciosos. En este último caso, destacan primero la fiebre y otros trastornos generales.


El veterinario determinará con ayuda de un análisis de sangre la intensidad de la anemia. Cuando las causas no estén claras, intentará determinarlas con otros análisis de sangre e incluso, si es preciso, analizando muestras de médula ósea.


En la práctica veterinaria, la anemia grave, sea cualquiera su origen, se trata desde un punto de vista meramente sintomático, y lo mismo que si se tratara de una hemorragia aguda, con ayuda de transfusiones y perfusiones diversas. Los preparados de hierro refuerzan la formación de nuevos eritrocitos, puesto que el hierro es importante componente de los glóbulos rojos.


Si se conoce la causa de la anemia, el tratamiento a seguir se clarifica bastante, por ejemplo a base de antibióticos o antiparasitarios. Por desgracia, la leucemia y la PIE son causas frecuentes de anemia. Cuando se parte de este diagnóstico, el éxito del tratamiento es muy escaso.