Alteraciones de la conducta
Por desgracia, en la clínica veterinaria es muy frecuente enfrentarse con problemas de comportamiento de los gatos. Particularmente desagradables para los amos son las conductas agresivas y la suciedad de estos animales. Otros trastornos constituyen sobre todo problemas para los propios gatos, como por ejemplo el eczema por lamidos.
Agresividad
No nos referimos aquí al comportamiento agresivo que manifiesta el gato contra los congéneres que intentan penetrar en su territorio, ni tampoco a la agresividad que desarrolla el gato en situaciones que considera amenazadoras para él, como por ejemplo en la visita al veterinario. Estas formas de conducta, más o menos marcadas, forman parte de las reacciones que deben estimarse normales en un gato.
En cambio, sucede en ocasiones que el gato ataca aparentemente sin motivo a su propietario, a otros miembros de la familia o incluso a visitantes. Entonces bufan a la persona en cuestión, saltan sobre ella e intentan arañarla o morderla. Estos ataques en toda regla deben diferenciarse de los asaltos que muchos gatos realizan jugando con su propietario u otras personas, conducta que siguen para ejercitarse en la captura de presas.
Posibles razones de un comportamiento agresivo son el mal trato previo hacia el animal por parte de la persona odiada o también un sentimiento de celos. En cualquier caso, es una conducta realmente inhabitual en el gato.
En los gatos enteros, sean machos o hembras, la castración resuelve muchas veces el problema, ya que con esta operación se calman los comportamientos agresivos de todas clases. En los gatos ya castrados, puede intentarse atenuar dicha conducta con un tratamiento hormonal.
En los casos recalcitrantes, puede recurrirse al consejo de un zoopsicólogo o de un veterinario experto en comportamiento animal (etólogo), cuando el propietario no quiera separarse de su mascota. Desde hace algunos años aumentan de forma continuada los especialistas en problemas de conducta de los animales domésticos, que enseñan sobre todo a los propietarios los procedimientos para modificar ellos mismos el comportamiento del gato.
Suciedad
El comportamiento sucio es con mucho el mayor problema con que se enfrenta el dueño de un gato. Por lo regular, los gatos utilizan en la vivienda desde que son cachorros su cajón de excrementos, muchas veces incluso sin que la madre les acostumbre a ello previamente. Su necesidad congénita de limpieza, en lo que concierne a la emisión de heces sólidas y orina, es precisamente la que permite tener gatos en casa, a los que convierte, en comparación con el perro, en huéspedes que precisan menos atención a este respecto.
Sin embargo, muchos gatos no manifiestan esta estricta conducta de limpieza. Tanto orina como excrementos sólidos, y también ambos, son entonces depositados fuera del cajón-toilette en todos los lugares posibles o imposibles; incluso mesas y camas no escapan a este ensuciamiento.
Tal comportamiento se aprecia ya cuando los gatos son jóvenes, aunque también puede presentarse de repente en gatos adultos que hasta entonces eran siempre «aseados». Muchas veces es consecuencia de protestas del gato contra determinadas condiciones de vida o de una variación en su entorno. Así, puede significar que su cajón-toilette está demasiado sucio o que contiene una yacija desagradable para el animal, o bien que el cajón se halla situado en un lugar cuyo acceso resulta dificultado para el gato por ser demasiado frecuentado o estrecho.
Los gatos acostumbrados a vivir en libertad reaccionan frecuentemente con un comportamiento desaseado al serles prohibido salir al exterior, aunque antes utilizaran correctamente el cajón de excrementos. Asimismo, cuando un gato debe compartir la vivienda con un congénere, puede «defenderse» con una conducta sucia. En todos los casos mencionados debe determinarse la causa de la protesta y tratar de eliminarla de la mejor manera posible.
Sin embargo, en muchas ocasiones queda ignorada la causa de tales comportamientos anormales. Entonces, cuando no es posible tener vigilado
al gato y no se puede evitar la indeseable deposición de heces u orina, lo más conveniente es encerrar al animal fuera de casa. Si esto no es posible, se le acomodará en una habitación con un cajón de excrementos aseado y que pueda limpiarse fácilmente, por ejemplo en un cuarto de baño embaldosado. De esta manera se ve forzado el gato a utilizar el cajón de excrementos, al encontrarse con un suelo de baldosas que no le resulta agradable en absoluto.
En los animales enteros, sean machos o hembras, se considera como mareaje normal del territorio la emisión de orina en determinados puntos de la casa, lo que en los gatos jóvenes es indicio de que han alcanzado la madurez sexual. La castración anula por lo general este comportamiento marcador. Sin embargo, en un 10% aproximadamente de los gatos castrados persiste esta conducta de marcar el territorio con orina, si bien suele limitarse a lugares fuera de la vivienda cuando los gatos tienen libre acceso al exterior. Con un tratamiento hormonal -si es preciso repetido- se puede interrumpir el mareaje con orina también en estos gatos.
Huelga decir que la emisión incontrolada de orina no siempre debe considerarse como una alteración de la conducta. También puede ser indicio de una inflamación de la vejiga urinaria, lo que comprobará el veterinario mediante el oportuno análisis de orina. En animales viejos que padecen afecciones articulares y debilidad senil general, puede producirse la emisión incontrolada de heces y orina. Cuando el gato padece diarrea, resulta asimismo frecuente que no pueda evitar la defecación, por lo que se encuentran restos de heces fuera del cajón-toilette. En este caso, sin embargo, la consistencia de los excrementos explica la causa de que el gato siga una conducta «sucia».
