Ácaros
Los ácaros son diminutos arácnidos octópodos, que, a diferencia de las pulgas, no pueden percibirse a simple vista. Viven en la piel del gato, donde se alimentan de células muertas, descamaciones y líquidos tisulares. Todo su desarrollo, desde la puesta de huevos, pasando por varios estadios de larvas y ninfas, tiene lugar en la piel de su hospedador, con una duración de 2 a 3 semanas.
Los ácaros se transmiten directamente por contacto de un gato con otro. Existen diversas especies (Notoédres cati, Otodectes cynotis, especies de Sarcoptes y de Cheyletiellá), todas las cuales, sin embargo, provocan lesiones cutáneas semejantes, que reciben el nombre vulgar de «sarna». Sobre todo en la cabeza y en las orejas se forman escamas y costras, acompañadas de caída del pelo. El gato se rasca estas lesiones hasta hacerlas sangrar en ocasiones, siendo más tarde asiento de gérmenes de la supuración, como consecuencia de lo cual se producen pústulas purulentas. Las costras se extienden fácilmente a las patas. En fase avanzada, pueden recubrir todo el cuerpo del gato.
Los ácaros pueden evidenciarse practicando el veterinario un raspado cutáneo. Para ello rasca con un escalpelo las capas epidérmicas más superficiales de los puntos lesionados, que se someten luego a examen microscópico.
En las lesiones localizadas, por ejemplo en las orejas, los ácaros se combaten empapando a diario las zonas alteradas con solución insecticida (v.gr., Triplexan).
Cuando está afectada toda la superficie corporal, resultan eficaces los baños con insecticida, repetidos a intervalos de unos 10 días. El veterinario puede aplicar semanalmente una inyección de insecticida o bien recetar la ingestión del correspondiente principio activo en forma de tabletas (v.gr., Cyflee) hasta la desaparición de los síntomas.
Ácaros de la hierba de otoño.
Ácaros de la hierba de otoño
Estos ácaros ocupan una posición especial por tratarse de ácaros saprofitos, es decir, que se alimentan propiamente de partes muertas de las plantas. Sin embargo, sus larvas necesitan para desarrollarse «una comida de jugo tisular», para lo cual se fijan en animales de sangre caliente, y ocasionalmente en el hombre. Aparecen masivamente en algunas regiones germanas, por lo común a finales de verano y en otoño.
Las larvas prefieren las zonas recubiertas por piel fina y con poco pelo, por lo que en los gatos atacan con preferencia la cabeza, y en ésta sobre todo las orejas, así como el abdomen y las patas (en las espacios interdigitales), donde originan pequeñas escaras costrosas. En esas áreas pueden apreciarse los ácaros a simple vista como diminutos puntos brillantes de tonalidad roja anaranjada.
Pulverizar las zonas cutáneas afectadas con productos insecticidas basta para eliminar los ácaros allí presentes. La reinfestación con larvas nuevas procedentes del entorno sólo puede evitarse impidiendo el acceso de los gatos a las zonas pobladas de ácaros o bien administrando insecticidas (Cyflee, Böhringer) durante el tiempo en que persista la amenaza.
