Habana
El Habana es una raza creada en Gran Bretaña en la década de 1950, gracias a un programa de cruces y de selección en el que se recurrió sin duda al Siamés, portador del gen chocolate, y al Europeo negro. El objetivo del experimento era obtener un gato del color chocolate típico del Siamés, pero con una pigmentación que apareciese en todo el cuerpo. En el año 1958, la raza fue reconocida oficialmente por el GCCE.
El nombre inicial, Habana, quería sin duda hacer referencia al color del puro habano, a no ser que fuera el pelaje de la raza de conejos del mismo nombre. Sin embargo, el GCCF prefirió Chestnut Habana (chestnut significa «castaña»)- En 1971, el GCCF volvió a recuperar el nombre de Habana, que había sido recogido en el resto de países, entre ellos Estados Unidos.
Estandar
Este gato, de cuerpo estilizado y elegante, presenta una osamenta de tamaño medio. Las patas son alargadas; los pies, pequeños y ovales; y la cola, bastante larga y puntiaguda.
La cabeza, de cráneo plano, es corta y cuneiforme. La frente y la nariz son rectas y forman un ángulo, sin que pueda hablarse de stop. Los ojos, ligeramente redondeados, están muy separados. En cuanto a las orejas (grandes y puntiagudas, anchas en la base y bien erectas), están formadas por una piel fina y transparente, y carecen casi por completo de
pelos en el interior. El pelaje es corto, denso y muy fino a la vez, suave y sedoso; y doble, lo cual le da un aspecto un poco erizado, y sobre todo un brillo plateado muy característico. El color se caracteriza por su homogeneidad, azul grisáceo con un tipping silver en los pelos de guarda, que le dan un aspecto brillante. Los ojos constituyen otro rasgo bastante espectacular: deben ser verde esmeralda lo más intenso posible. También hay una variedad de Ruso negra y otra blanca.
Carácter y cría
El Habana tiene fama de ser un compañero afectuoso, tranquilo e inteligente, y no ha heredado la sonora voz del siamés. Los gatitos nacen con marcas tabby que desaparecen a lo largo del primer año de vida.

