Tranquilo, sociable y paciente.

Su historia raya la leyenda; así de antiguo es. No se conoce el origen de su nombre y no se sabe con seguridad cuándo llegó a Francia, pero lo que sí se sabe seguro es que es un gato "natural". Los primeros criaderos se basaron en gatos "feroces", es decir, gatos domésticos que habían vuelto al estado salvaje. El Cartujo vivió en estado semi salvaje durante los años 30, lo cual no impidió que hubiese sido un gato doméstico anteriormente. No es un gato autóctono, ya que ese calificativo sólo lo puede tener el común europeo. Llegó a Francia desde Oriente, sin duda alguna, ya que es de donde provienen casi todos los gatos no europeos - recordemos que el origen de los gatos domésticos ha sido aclarado desde hace años y sitúa precisamente su domesticación en el Próximo Oriente. Durante la Edad Media, el gato estaba poco extendido por suelo francés y no se le tenía mucho aprecio. Preferían a la "jineta", al menos por las tierras del sur del hexágono. Pero en los barcos, la cosa era diferente. Ya conocidos por los romanos, el gato tuvo que esperar a las Cruzadas para llegar a territorio francés. Su papel principal era el de aniquilador de ratas o auxiliar de desratización. Ese sería el momento en el que los ancestros del Cartujo llegaron al país; en ese caso los gatos de capa no atigrada, negros y grises (el gris procedente genéticamente del negro). La primera mención sobre un gato gris se sitúa sobre el año 1558 cuando el poeta Joachim du Bellay habla de su pequeño gato gris, Belaud.
Del gris de los peleteros al azul de Bufón
La denominación de Cartujo tiene menos de doscientos años de historia, sin saber seguro a qué hacía referencia. No parece que exista nada que una esta raza con la orden de los Cartujos. Evoca, desde luego, a un tejido de lana de una calidad muy especial y singular, procedente de nuestro país, que era denominado "pile des Chartreux". Proceda de donde proceda, a esta raza se la conoce bien desde el siglo XVIII. En 1897 el Dr. Beauregard dijo que el pelaje del Cartujo era muy semejante al de una nutria, las cuales tenían gran reputación por sus poderes antirreumáticos. Así que los naturalistas de la época se pusieron a estudiar a la raza. Buffon, en 1753, la calificó de diferente, tanto del gato común europeo atigrado como del Angora. Linné, en la misma época, hizo lo mismo. Al mismo tiempo que la especie felina se hacía familiar en la sociedad francesa, el Cartujo accedió al estatus de raza, más de cien años antes que los otros. Esta raza llevó la vida de comensal de los humanos, hasta llegados los años 30, cuando los primeros ensayos de cría y selección se pusieron en marcha. En Bretaña, concretamente en Belle-ile-en-Mer, gracias a las hermanas Léger, se inició la cría de una "colonia natural" que prosperó en la isla desde 1926. Desgraciadamente, el criadero de Guerveur no ha dejado marca en la población actual. Los primeros gatos Cartujos fueron expuestos en 1931 y su primer estándar vio la luz en 1939. El Cartujo no debe nada a los ingleses; ellos ya tenían a su British Shorthair, caracterizado desde la primera exposición universal felina del Palacio de Cristal en 1871. En los años 60, la Segunda Guerra Mundial redujo los efectivos de la raza, teniendo que recurrir a los Cartujos y a los Persas para recuperarlos. Esto provocó que se llegara a considerar que el British y el Cartujo eran dos variantes de la misma raza y que deberían reunirse en una sola. La decisión fue tomada por la Federación Internacional Felina (Fi-Fe) en 1970, pero los grandes criadores franceses, y en particular Jean Si-monnet en 1972, recabaron toda la información posible para demostrar que eran dos razas diferentes. Unos años más tarde, en 1977, la FiFe reconoció las dos razas y promulgó dos estándares distintos. Pero para entonces el daño ya estaba hecho y el Cartujo había recibido el influjo de sangres de otras razas, que ha intentado eliminar a lo largo de todos estos años de selección. Así, por ejemplo, S. Cazaubon del criadero "Golfe de Saint-Tropez" puede verificar que cada uno de sus sementales no presenta ningún tipo de aportadon de sangre externa sobre seis generaciones, llegando incluso hasta 10 generaciones en el caso de un ejemplar concreto.
