Burma
Los antepasados del Burmes, al igual que los del Siamés, ya existían en el sureste de Asia desde hace mucho tiempo. Prueba de ello son las iconografías de un notable parecido con esta raza que se han encontrado, junto con las del Siamés, en antiguos manuscritos procedentes de Ayuthia, capital de Siam entre 1347 y 1767. La historia occidental del Burmes empezó en 1930, cuando un estadounidense, el Dr. Joseph Thompson, que se encontraba en Rangún, se quedó prendado de estos gatos indígenas de pelaje marrón, color desconocido hasta entonces. El doctor se llevó a California una hembra llamada Wong Mau, que debía de ser una mestiza de Siamés-Burmes, equivalente a lo que hoy en día se denomina un Tonkinese. Para desentrañar el secreto del pelaje marrón se sometió al animal a uno de los primeros programas genéticos de felinotecnia. Primero la aparearon con un macho Siamés chocolate point, experimento al que siguieron varios apareamientos consaguí-neos con sus hijos.
Así fue cómo se obtuvieron los primeros Burmeses. En 1936, tras la infusión de sangre de algunos ejemplares traídos de Birmania (actual Myanmar), la raza estaba lo suficientemente desarrollada y fue reconocida por la CEA en Estados Unidos.
Un reconocimiento cuestionado
Sin embargo, al Burmes le costó bastante imponerse en el mundo de los criadores, porque muchos lo consideraban un Siamés de tipo defectuoso. Además, algunas
infusiones de sangre de esta raza, realizadas para limitar la consaguinidad, provocaron que la CEA suspendiera el registro de los gatitos Burmeses desde 1947 hasta 1953. Fue por esa misma época cuando se exportaron los primeros ejemplares de la raza a Europa, empezando por Gran Bretaña (el GCCF la reconoció en 1952) y por Francia, donde los introdujo Simo-ne Poirier en 1956 (en este último país se le dio la denominación «cibelina» a la primitiva variedad marrón). Después, la historia del Burmes está esencialmente marcada por la divergencia que enfrenta a británicos y estadounidenses sobre el tipo de la cabeza y las variedades reconocidas. Los segundos optaron por una cabeza más bien redonda con ojos redondos, y por el reconocimiento de sólo cuatro variedades, llamadas de base. Los británicos seleccionaron una cabeza de tipo oriental, y se mostraron más abiertos con las nuevas variedades. En el continente europeo, los criadores trabajan con los dos tipos y, por lo general, aceptan las dos variedades. La raza goza de una gran popularidad en Estados Unidos y en Gran Bretaña.
Estandar
En todos los estándares se considera al Burmes un gato de tamaño mediano, tipo mediolíneo, extremadamente elegante y musculoso a la vez, más pesado de lo que su aspecto hace pensar. El pecho es particularmente poderoso y redondo. Los miembros y la cola tienen una longitud mediana, proporcionada con el cuerpo. Los pies son pequeños y ovalados. Las divergencias proceden de cómo tienen que ser la cabeza y los ojos. Según el GCCF y la FIFe, la cara, de frente, muestra un cráneo abombado que después se estrecha en forma de triángulo y termina en un mentón pronunciado; el perfil está marcado por un stop suave. Los ojos son ligeramente almendrados (borde superior oblicuo y borde inferior redondo). Para la CFA, la cabeza debe ser redonda desde
todos los ángulos, lo cual implica que el cráneo tiene que ser abombado, con un amplio espacio entre los ojos, un hocico corto y fuerte, y un mentón también fuerte. Los ojos son redondos. En lo que sí coinciden todos los estándares es en las orejas: medianas, separadas, anchas y redondeadas en la punta. Con el color de los ojos no surge ninguna duda: amarillo dorado con una tolerancia entre el tono del chartreuse y el ámbar. El pelaje tiene una textura particular: pelos cortos y lisos, que dan la impresión de satinado brillante.
La intensidad de la pigmentación de las diversas partes del manto es típica de la raza en todas sus variedades: máxima en las extremidades (que corresponden a los points del Siamés), media en el lomo y en los flancos, y atenuada en las partes declives.
Carácter y cría
El Burmes es afectuoso, exuberante y deportivo: en el campo puede resultar un excelente cazador, pero se adapta bien a la vida en un piso. En lo que concierne a la reproducción, resalta la tendencia oriental, con una pubertad precoz en las hembras (de promedio, a los nueve meses) y una fecundidad ligeramente superior a los cuatro o cinco gatitos de media en la especie felina. La tendencia oriental también resalta en su voz, bastante fuerte. Cuando nacen, las crías tienen un pelaje muy claro, a veces con trazos de marcas tabby La aparición del color definitivo en detrimento de esas marcas se produce a
partir de los dos meses y medio. Lo mismo ocurre con el tono gris azulado de los ojos, que se vuelve amarillo, color típico de la raza. Conviene señalar que en el Burmes viejo, el pelaje adquiere un color más oscuro y los ojos tienden a un tono verdoso.

