Orígenes del gato
Orígenes muy antiguos
Los orígenes del gato se confunden con los de los félidos. Su antepasado común es el primer representante del orden de los carnívoros, cuya dentadura carnicera, al igual que la de los gatos y a diferencia de la de los perros y otros carnívoros (con la excepción de la hiena moteada), carece de molares y cuenta con una parte incisiva muy desarrollada, adaptada al régimen estrictamente carnívoro de los félidos.
El hecho de que existiera una gran diversidad en la era Terciaria, hace 34 millones de años, revela un pasado antiguo y con unos orígenes todavía más lejanos. Aunque su antepasado común sigue sin conocerse, se le sitúa en la época denominada Eoceno -hace 55-50 millones-, junto a otros pequeños carnívoros, arborícolas o terrestres, de Eurasia y América del Norte: los Miacoidea.
Antepasados de los felinos actuales
Los félidos del Oligoceno -hace 34-25 millones de años- se dividen en dos subfamilias: los Nimra-vinae, de un tamaño que oscilaba entre el del lince y el de la pantera, y cuya historia se extingue sin descendientes en el Mioceno (hace 25-7 millones de años), y los Felinae, del tamaño de un gato o más pequeños. Entre estos últimos se esconde el antepasado de todos los félidos que existen en la actualidad: el Proailurus. En el Mioceno, los Pseudadurus, descendientes del Proailuyus, se diversificaron. Del tamaño de un lince, habitaban al principio en los bosques de Eurasia, pero más tarde penetraron en África y se extendieron también por América del Norte. Antes de extinguirse, hace unos diez millones de años, dieron origen a los félidos modernos, cuya proliferación fue propiciada por el desarrollo de las estepas y las sabanas, ricas en presas herbívoras. Entonces, volvieron a aparecer los especímenes de largos colmillos cuyos últimos ejemplares fueron coetáneos del hombre primitivo. Los linajes actuales de felinos grandes y pequeños parecen haberse enraizado hace cerca de cinco millones de años. Se dispersaron desde Asia por el mundo entero durante el Plioceno (hace 5 millones-12000 años), excepto en Madagascar y Australia.
Leones, panteras, guepardos, linces y gatos
Hace 2-3 millones de años vivían en Europa leones y panteras pertenecientes a especies distintas de las que se conocen en la actualidad. Originarias de Asia, la Panthcra leo y la Panthera pardus se introdujeron en Europa hace 600000 años, pero se extinguieron hace 12000. El león y los demás especímenes, que habitaban en cavernas, eran de un tamaño superior al de sus representantes actuales. Un guepardo gigante, dAcynonyxpardinensis, aparecido hace tres millones de años, cazaba en las praderas de Europa Occidental; se extinguió hace 700000 años. Entre los pequeños felinos, en España se extendió en el Pleistoceno el lince ibérico (Lynxpardinus), más pequeño que sus congéneres europeos. Hoy en día se encuentra en peligro de extinción y es la especie felina más amenazada del mundo.
El Felis lunensis, descubierto en un yacimiento italiano de hace 1,8 millones de años, parece ser el antepasado del gato montes actual, Felis silvestris. Casi igual, sólo se diferencia de él en algunos detalles de su dentadura. Sus fósiles están muy extendidos en los yacimientos de la última glaciación.
Del gato salvaje al gato doméstico
¿Cómo definir la identidad del gato doméstico? ¿Dónde y cuándo situar su origen? ¿De qué manera se ha producido su proceso de domesticación? El nombre de Felis catus fue atribuido por Linneo. El animal descrito por el sabio naturalista en 1758, y «descubierto» en un bosque del sur de Europa, era un gato doméstico de pelo jaspeado, que había regresado quizás a la vida salvaje. El felino doméstico pertenece, sin duda alguna, a la misma especie que el gato montes, ampliamente extendido y representado por el gato montes de Europa (Felis silvestris), el gato enguantado africano (Felis maniculata) y el gato de las estepas (Felis ornato) de la India y de Pakistán. La domesticación no ha conseguido aislarlo de sus raíces salvajes. Si una colonia de gatos caseros vive cerca de una población de congéneres salvajes y se vuelven asilvestrados, se producen cruces híbridos entre macho salvaje y hembra asilvestrada (los machos asilvestrados quedan eliminados de la competición por los machos salvajes, más dominantes). Los descendientes machos medio salvajes-medio asilvestrados, cruzados con gatas domésticas, transmiten después sus genes salvajes a la población doméstica. Pero, teniendo en cuenta el número creciente de gatos domésticos, los genes salvajes van quedando eliminados progresivamente, y la población doméstica no corre el riesgo de verse desestabilizada.
Hipótesis
histórica o biológica
Hasta la década de 1970, la domesticación del gato se atribuía a los egipcios. Herodoto, historiador griego del siglo iv, relata que cien años antes vivían gatos domésticos en los hogares egipcios. En realidad, este pueblo los conocía desde mucho antes; lo demuestran las pinturas que datan del año 2000 a.C, así como los innumerables ejemplares momificados que han sido encontrados en las excavaciones de las necrópolis. Dado que el gato egipcio de pelaje a rayas no es muy distinto del gato enguantado (especie salvaje común en África), se llegó a la conclusión de que el gato doméstico descendía de aquél. A partir de 1971, otra hipótesis, fundada en el volumen del cerebro, vincula el gato doméstico al gato salvaje de la India y de Pakistán. El sabio naturalista Schauenberg ha demostrado que este último tiene una capacidad craneal menor que la del enguantado africano y los que aparecieron momificados en Egipto, mientras que se acerca a la del gato doméstico. Por lo tanto, el primero sería entonces el gato dorado de la India y de Pakistán. Estos orígenes son, sin embargo, muy discutibles. Sea como sea, la domesticación del gato parece ser el resultado de una impregnación de los recién nacidos por parte del hombre: éste debió de capturar algunos gatitos con los ojos todavía cerrados, y criarlos alejados de su madre. Convertidos en ejemplares adultos, perdieron gran parte de su agresividad al no haber aprendido a cazar sus presas por necesidad. Tal vez el hombre haya favorecido la selección de individuos más dóciles, aunque el gato siga siendo un animal insumiso, de carácter independiente.
