Cohabitación entre perros y gatos
¿Estas dos especies vivirían juntas si no fuese porque el hombre las hace cohabitar? Seguramente no porque tienen muchos puntos de vista opuestos. Existen pocos datos científicos sobre el comportamiento de los perros y los gatos juntos, pero la observación y la experiencia permiten establecer algunos hechos.
Sus modos de comunicación son tan diferentes que es difícil que se entiendan. El movimiento del rabo del perro indica a un congénere "vamos a jugar" o "quiero ser tu amigo" pero en el gato significa todo lo contrario "no estoy a gusto" y "estoy en guardia" El gato no tiene postura de sumisión, acostado sobre su espalda está invitando al juego o adoptando una posición de defensa; el perro interpretará esta postura como una eventual sumisión que acabará con las uñas del gato en la cara del perro. Los dos son depredadores, el gato caza ratones y el perro caza conejos. Y si bien hemos visto perros persiguiendo a gatos, también hemos podido constatar a gatos atacando a perros pequeños o a cachorros que han tenido que acudir al veterinario. Pero un buen trabajo de comportamiento sobre los dos individuos puede producir milagros.
Un territorio en 3 dimensiones
El territorio de un perro es el suelo y en ocasiones el sofá; en cambio, el del gato ocupa las tres dimensiones, ya que él se sube por todas partes. El gato marca su territorio con arañazos y feromonas que va dejando por las esquinas al frotarse contra ellas. Estas marcas están también dirigidas a los perros amigos de la casa. El perro no marca su territo de la misma manera que el gato, sino evanta la pata para dejar pequeñas muestras de orina o defecan por razones sociales y sexuales El gato reconoce a su amigo el perro por su olor. Puede comunicarse con diferentes formas de maullidos y vocalizaciones pero también por la mímica postural y demás. Existen tantas diferencias e los perros de diferentes razas que los gatos los perciben más como individuos que como una especie. De hecho, como se puede observar en las
enormes diferencias de tamaño y peso (de 2 Kg. a 90 Kg.), es difícil hasta para nosotros pensar que se trata de animales de la misma especie. Para los perros la dificultad es mucho menor, ya que todos los gatos se parecen. Pero a pesar de todo, nosotros pedimos y exigimos que estas dos especies tan diferentes se lleven bien entre ellas. Una aventura que puede tener consecuencias más o menos graves, pero unos buenos preparativos y mucha paciencia pueden conseguir el éxito completo.
Perro grande bonachón o
pequeño pero...
Lo ideal es dejarnos aconsejar por un especialista para que nuestra tarea llegue a su culminación de manera exitosa. Es recomendable saber el grado de familiarización que tienen el perro y el gato con la otra especie y su capacidad de adaptación. No es precisamente la raza o el tamaño de la misma lo que debemos estudiar, sino más bien su capacidad de adaptación entre especies. Un perro bien grande puede ser muy tranquilo y dulce con otros animales pequeños, mientras que un perro pequeño puede comportarse como un verdadero histérico frente a un gato. Lo mismo pasa con el gato: no existe una raza ideal para que conviva en paz con los perros; dependerá de cada individuo y de sus capacidades de adaptación que el proceso se lleve con éxito.
Todo depende de las primeras semanas
de vida
Para el gato, los primeros depredadores potenciales que debe evitar son los perros y los hombres. Es, portante, en las primeras semanas de vida donde se juega todo su futuro. El criador debe permitir y favorecer una buena socialización con los humanos y otros animales. Este periodo abarca desde el noveno día hasta la novena semana de vida. Durante este tiempo debemos presentarle al gato personas muy diferentes, de diferentes edades, sexo, color, silueta, etc., lo mismo que diferentes tipos de perros (en tamaño y morfología). Esta familiarización no es una garantía para toda la vida, ya que se tendrá que mantener y reforzar durante toda su vida adulta para que recuerde quienes son sus amigos.
Las claves del éxito
La llegada de un nuevo animal a casa, la actitud de los propietarios, la organización de los encuentros y el espacio, ayudados en ocasiones por un profesional, jugarán un papel esencial para conseguir una buena cohabitación entre especies distintas. Hay unas reglas elementales que debemos conocer y poner en práctica:
*Nunca forzar al gato:Es necesario dejar que el gato ponga sus límites y nunca forzarlo a un contacto no deseado. Debe ser él el que ponga el ritmo de contacto. Forzar la situación obligándole a estar cerca del perro sólo hará que se estrese y se cierre en banda.
*Escondites: Con el fin de que el gato pueda esconderse para dormir, asearse y descansar sin estrés, debemos ofrecerle la posibilidad de tener sitios donde se pueda aislar del resto del mundo, sobre todo lugares altos inaccesibles para el perro.
*Poner su comedero en alto: Poner los comederos juntos es algo que no les va a gustar a los gatos. El gato en el suelo se siente vulnerable y en muchas ocasiones el perro puede mostrarse agresivo defendiendo su comida. Lo mejor es poner el comedero del gato en alto y se acabaron los problemas.
A pesar de una buena preparación, debemos recordar que nada se garantiza al 100%. Los aprendizajes pueden ser largos y no debemos ir demasiado deprisa ni exigir una entente perfecta. Algunos animales se ignorarán, otros serán muy afines y otros no se tragarán nunca.
